constituyó en el principal mercado para las exportaciones e importaciones peruanas. En efecto, el porcentaje de las importaciones procedentes de los Estados Unidos sobre las importaciones totales pasó del 7.1% al 29.8% entre 1892 y 1913. A partir de 1914, con la apertura del Canal de Panamá, las cifras porcentuales aumentaron vertiginosamente (Flores Galindo & Burga, 1980, p. 63). En general, y como consecuencia de la expansión del capitalismo internacional, las diferentes empresas que operaban en el país transformaron sus estrategias económicas; de las actividades mercantiles se pasó a las actividades directamente productivas. Si bien es cierto que entre algunos intelectuales peruanos reinó una persistente preocupación en torno al fracaso de los sucesivos proyectos políticos republicanos, el proceso de expansión económica que marcó el temprano siglo XX estuvo rodeado por altas dosis de optimismo. De similar manera a lo que estaba aconteciendo en otros países latinoamericanos que atravesaban procesos de expansión semejantes, Argentina y México por ejemplo814, ciertos sectores académicos peruanos no dudaron en señalar los efectos beneficiosos que las ingentes entradas de capital extranjero traerían al país. El limeño Alberto Salomón, catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas de San Marcos, señaló ante un nutrido auditorio universitario que el capital, cuando se empleaba a gran escala, cumplía una función «eminentemente civilizadora y educativa» (Salomón, 1918, p. 425). Así, el optimista catedrático, luego de buscar convencer a sus oyentes mediante un despliegue impresionante de cifras y argumentos acerca de las bondades de la inversión extranjera, concluía su larga alocución subrayando que el aumento de las capacidades económicas del país guardaba estrecha relación con la llegada al país de capitales de afuera. Por ello, la política económica peruana debía centrarse en ofrecer «las mayores facilidades posibles» para que los inversionistas extranjeros colaboraran con un esfuerzo económico que aún no era posible obtener de manera autónoma (Salomón, 1918, pp. 426-428). Dentro del modelo propuesto por Salomón, así como las élites cumplieron el rol de aprendices dentro de una tarea económica para la cual no se sentían preparadas, los sectores populares internos buscaron ejercer, utilizando el conocido argumento de la incapacidad estructural del pueblo peruano, una suerte de tutoría política815. En efecto, el modelo económico liberal civilista fue de la mano con un resurrecto republicanismo conservador de antaño. En este, además de guardarse las formas y el aparato simbólico por todos conocido —elecciones controladas, por 368
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