flamante administración cívico-constitucional, que exhibió las características políticas y el discurso republicano-conservador del período de la Reconstrucción, significó el fortalecimiento de los grupos sociales que buscaban imponer la estabilidad y el orden en todo el país808. Las necesidades anteriores tuvieron su correlato en la impresionante «revolución económica» que vivió el Perú en el temprano siglo XX. Así, debajo de la incruenta revolución política, que determinó la hegemonización civilista, fue gestándose y tomando cuerpo en el país una profunda y subterránea revolución socioeconómica. Esta fue sentida con intensidad en la capital y en importantes departamentos de la costa, sierra y selva del Perú. Desde 1900, Lima había comenzado su transformación casi revolucionaria en una metrópoli moderna. La imagen de una ciudad que crecía en extensión y modernidad estaba estrechamente relacionada con los cambios económicos que habían ocurrido en el país durante los primeros años de la «República Aristocrática». A partir de 1895, la economía peruana dio inicio a un acelerado proceso de reactivación. La «administración científica», como denominó el civilista Víctor Maúrtua al gobierno de la Coalición, provocó un movimiento económico ascensional que culminó en un verdadero período de «eclosión» en el cuatrienio 1899-1903809, el cual se manifestó de diversas maneras. En 1895, año de instauración del gobierno coalicionista, los limeños fueron testigos de la inauguración de la primera planta generadora de energía eléctrica para abastecer a la industria. En los años siguientes se formaron dos empresas eléctricas, cuatro compañías de tranvías, compañías de agua potable y otras que operaban los muelles. En 1900, las compañías de electricidad, gas y tranvías se fusionaron con las Empresas Eléctricas Asociadas. Así Lima, durante la primera década del siglo XX, fue la única capital latinoamericana que contó con empresas y servicios públicos de propiedad nacional (Thorp & Bertram, 1985, p. 48). Paralelamente a la modernización de la infraestructura capitalina y al tendido de nuevas redes ferrocarrileras810, el equipo económico que rodeó al gobierno de Piérola colaboró en la puesta en marcha de importantes reformas que constituyeron la subestructura del futuro crecimiento económico peruano811. Dentro del clima renovador anteriormente evidenciado, en el cual el movimiento inmobiliario fue elevándose a cifras sin precedentes812, se multiplicaron los bancos, las compañías de seguros, las casas de 366
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