La utopía republicana

CAPÍTULO 7. UNA FAMILIA DIVIDIDA Nuevos modos de ser se van generalizando, hasta constituir ese género de personas entre las cuales cada uno está a la suya, y entre las que el único vínculo es el interés y el positivismo material, y a vivir defendiéndose . . . o devorándose como entre mangas de langostas. Abelardo Gamarra, Modelo de hombre: a la Memoria de Fausto Figueroa Vagamos solos, enteramente solos. Leopoldo Cortez, El Perú del porvenir El 13 de abril de 1914, un joven catedrático universitario, el arequipeño Víctor Andrés Belaunde, pronunció un trascendental discurso durante la ceremonia de apertura del año académico de la Universidad de San Marcos. En su ya clásica alocución titulada «La Crisis Presente», Belaunde se propuso dos tareas fundamentales: fortalecer la conexión entre el mundo académico y la «vida nacional», y explorar las complejas causas de la profunda crisis política y moral que azotaba al país. Así, en un descarnado análisis sociopolítico que contradecía la visión optimista de muchos de los defensores de los logros económicos de la llamada «República Aristocrática»784, Belaunde señaló a su auditorio sanmarquino la urgente necesidad de ocuparse de ese «grande y amado enfermo» llamado Perú (Belaunde, 1940). Belaunde no estaba solo en sus preocupaciones sociológicas. Su obra puede considerarse como la mejor radiografía política, económica y moral de las primeras décadas del mil novecientos; no obstante, aquella no hizo más que traslucir el ambiente de preocupación intelectual que rodeó a la inauguración del conflictivo siglo XX. A escasos años de iniciada la nueva centuria, el 17 de marzo de 1906, otro intelectual peruano, el combativo periodista limeño Alberto Ulloa, denunció abiertamente que el movimiento nacional, conducido por Piérola en 1895, había sido alevosamente traicionado. En el décimo primer aniversario de la gesta revolucionaria, el balance político-económico evidenciado en los escritos de Ulloa era muy 357

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