La utopía republicana

180 El Comercio, 1 de octubre de 1871. 181 «El Club Universitario de Lima a los miembros de la Universidad». 182 Lefort (1986, p. 298) sostiene que el mantenimiento de la unidad política de un grupo requiere necesariamente de la producción de enemigos imaginarios, y de fantásticos adversarios para fortalecer y asegurar la identidad colectiva de los miembros que lo constituyen. 183 Juan Barreto, Tumbes, junio de 1871; Simón Becerra, Cuzco, agosto de 1871; José Federico Cáceres, Puquio, julio de 1871; Manuel Benavides, Arequipa, julio 5 de 1871, AGN, CMP. 184 Manuel Pardo, «Discurso de Aceptación de la Candidatura Presidencial» en El Comercio, 24 de abril de 1871. 185 Manuel Cardoso, junio de 1871, AGN, CMP. 186 Manuel Ignacio Polo, mayo de 1871, AGN, CMP. 187 Manuel Rivarola, Arequipa, 1871, AGN, CMP. 188 Manuel Pardo «Discurso de Aceptación». 189 Una conexión similar para el caso norteamericano es la analizada por Ronald Shultz (1993). 190 En 1876 había en Lima 182 abogados, 65 ingenieros, 142 doctores, 14 dentistas, 1213 administradores públicos, 950 empleados a salario, 253 maestros, 7 periodistas, 2713 estudiantes mayores de 14 años, 10 contadores, 3074 comerciantes, 845 tenderos. Para este punto ver Dirección General de Estadística del Perú (1878). 191 Manuel Pardo, «Discurso de Inauguración de la Exposición Industrial Nacional del 29 de julio de 1869» en El Comercio, 8 de octubre de 1871. 192 Pardo, «Discurso de Inauguración»; «La joyería, la ebanistería, la tapicería, el arte del dorador y del bordado, la zapatería, la encuadernación, los tejidos de paja y cuero acusan un progreso incuestionable en la educación e ideas de nuestros artesanos». 193 En su ya clásica Le Politique, Saint Simon aludía a un partido industrial-nacional, en oposición al partido antinacional. En el primero se encontraban todos los que trabajaban por el bien de la sociedad; aquellos cuyos capitales estaban invertidos en asuntos industriales y todos los que contribuyeran en la producción. En el partido nacional formaban una sola vanguardia los que trabajaban la tierra (propietarios y labradores), los carreteros, herreros, picapedreros, cerrajeros, tejedores, zapateros y sastres; en una palabra, todos los artesanos, manufactureros y mercaderes. La propuesta sansimoniana no dejaba de incluir también a todos los científicos que contribuyeran con su trabajo al desarrollo tecnológico y a los artistas y abogados con puntos de vista liberales. En resumen, el partido nacional debía convocar a todos los ciudadanos que usaran su talento para liberar a los productores. Para Saint Simon, los verdaderos notables eran las clases productoras y la tarea que se autoimpuso el utópico francés fue darles a los «industrialistas» la imagen de su verdadero y real poderío. Para este punto ver Henri Comte de Saint Simon (1952; 1964) y Ghita Ionescu (1976). 194 Es probable que Francisco Rosas y Celso Bambarén, miembros activos de la Sociedad Independencia Electoral, se hallan visto influenciados también por el sansimonismo durante su estadía en París. 133

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