La utopía republicana

gas, parecían «hachones del infierno» en medio de una multitud desenfrenada, fuera de sí, ávida de venganza y «sedienta de sangre». A ello se sumaba la irrupción del tan requerido «pueblo» al Palacio de Gobierno, de donde se llevó «cuanto fue posible»; el asalto a las armerías de donde desaparecieron 96 revólveres y 30 000 balas; los asaltos a las pulperías en San Lázaro; la sustracción de los faroles de gas y alumbrado público; y el pánico de la población limeña ante el saqueo y la anarquía. Todo ello no solo mostraba el derrumbe estrepitoso de un gobierno antes que se constituyera otro, sino que permitía que salieran a flote las profundas tensiones sociales que existían en una ciudad que, paradójicamente, pretendía presentarse al resto del país como el espejo del orden y la civilidad223. El dramático fin de campaña evidenció que la construcción de la tan ansiada República y la cristalización del imprescindible ciudadano republicano no podían esperar un minuto más. El editorial de El Comercio del 27 de julio de 1872, que apareció luego de que el levantamiento militar fuera debelado y el Congreso tomara el control de la ciudad mientras se preparaba la trasmisión presidencial a Pardo, puso de manifiesto la urgencia ineludible de la tarea política que la Sociedad Independencia Electoral se había propuesto llevar a cabo catorce meses antes. Para el preocupado editorialista de El Comercio, la revolución de julio debía arrojar una lección y provocar «de una vez por todas, el respeto por la ley, y el amor a las formas republicanas»224. La titánica tarea de reconstruir un edificio político que descansaba sobre bases corroídas por el guano y el autoritarismo fue la que intentó llevar a cabo la «República Práctica». 107 Manuel Pardo, «Discurso pronunciado en la proclamación de su candidatura a la Presidencia de la República». El Comercio, 24 de abril de 1871. 108 Por dos ciclos doctrinarios nos estamos refiriendo a la cronología establecida por Jorge Basadre para periodificar las discusiones ideológicas que sucedieron a la independencia. El primer ciclo lo abre la generación liberal que impone la República en 1822. El segundo, iniciado luego del desastre de Ingavi, en 1842, estará marcado por los planteamientos conservadores de Bartolomé Herrera, la polémica Guadalupe-San Carlos y las discusiones en torno a «la soberanía de la inteligencia» y «la soberanía popular». Ambas tendencias ideológicas, liberales y conservadoras, fracasarán políticamente, porque ni una ni otra podrán controlar, mediante el «despotismo ilustrado» o «el parlamentarismo», al poder militar. Para una mayor aproximación al tema ver Basadre (1929a, 1929b), Leguía (1939), Porras Barrenechea (1974). 109 Para una aproximación a la conformación social de la dirigencia y bases de la Sociedad Independencia Electoral ver Mc Evoy (1994a, pp. 307-344). 126

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