La urgencia por decir nosotros

con el apoyo de la juventud del momento marcada por los ideales liberales y románticos. No obstante, a este proyecto se oponía la propuesta conservadora, cuyo teórico más influyente fue Bartolomé Herrera. Partiendo de la inmadurez cívica del pueblo peruano, los conservadores, liderados por Herrera y sus discípulos, postulaban la necesidad de una soberanía detentada por los más capaces, por una suerte de aristocracia de la inteligencia que pudiera proporcionar la anhelada estabilidad y dirección a la sociedad peruana, constantemente desgarrada por guerras civiles, que no eran, en realidad, sino luchas entre caudillos militares, cada uno de los cuales no encontraba razón suficiente para subordinarse a las pretensiones de sus competidores. Es claro que las disputas doctrinarias entre liberales y conservadores deben entenderse sobre el trasfondo de las guerras civiles. Ambos movimientos anhelaban estabilizar la sociedad, frenar las luchas fratricidas. No obstante, el factor preponderante de la política de esos años era lo que Basadre llamó el militarismo de los generales victoriosos de la Independencia. En verdad, ni los liberales ni los conservadores lograron construir una institucionalidad que frenara las ambiciones personalistas de los caudillos, que significara el encauzamiento de la vida política del país. Habrá que esperar a 1895 para que surja la República Aristocrática, que representa la encarnación del proyecto conservador de Herrera. Es decir, de una élite gobernante que excluye a las mayorías y que gracias a la profesionalización de las fuerzas armadas logra refrenar la influencia desestabilizadora, aunque a veces democrática, del caudillismo militar. Hacia 1870, la propuesta liberal era aún más utópica que la conservadora. No obstante, se nutría de un impulso democratizador muy presente entre los intelectuales, los jóvenes de clase media y el pueblo criollo. Fue la experiencia directa en el gobierno lo que llevó a Palma a un desengaño con la política. En efecto, Palma fue secretario personal del presidente Balta, hecho que le valió ser nombrado como senador de lo que por entonces era la provincia litoral de Loreto. Esta experiencia culmina con su retiro de la política, hecho que no significa, reitero, un desentenderse de la sociedad de su época. El compromiso se mantiene, pero se traslada al campo de la cultura. Según César Miró, el episodio que lleva a la desilusión de Palma es el debate sobre las retribuciones a los militares que participaron en el triunfo contra la armada española, el 2 de mayo de 1866 (Miró, 1953). Para ello, en el Congreso se discute un proyecto que implica la creación de 98

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