La urgencia por decir nosotros

numerosas plazas de generales para premiar a los participantes en la gesta. Se trata de la vieja política patrimonialista de crear lealtades mediante el otorgamiento de prebendas simbólicas y pecuniarias. La intervención de Palma convierte el debate en una cuestión de principios. En efecto, no solo se discuten medidas concretas, sino que se pretende validar toda una manera de hacer política: En nombre de la conveniencia política, hace más de 40 años que vemos santificadas todas las infracciones de la ley; en nombre de la conveniencia política, glorificamos la primera revolución que ha traído en pos de sí un largo cotejo de males, de ruinas y escándalos para el país; en nombre de la conveniencia política, hemos matado hasta la sanción moral en nuestro país; en nombre de las conveniencias políticas en fin, queremos dar una ley, que más bien que una ley para la patria es una ley de bandería. Para mí, señores, y creo haberlo dicho otra vez, las conveniencias políticas no significan más que una transacción cobarde con el abuso, con el escándalo y el mal… ya es tiempo, señor, de que abramos anchos y nuevos horizontes a la moral política y que no continuemos manchando, con los mismos escándalos, las páginas de la historia donde están escritos los gloriosos hechos de Abtao y del Callao […] (Palma, citado en Miró, 1953, p. 98). Palma se opone pues a la «política generosa» que pretendía agrupar «a todos los peruanos». Sus consecuencias serían la proliferación innecesaria de altos mandos —él habla de la creación de plazas para doscientos coroneles y cien generales— con la consiguiente carga para el fisco. Sea como fuere, después de la fallida sublevación de los hermanos Gutiérrez y la ascensión al poder de Manuel Pardo, Ricardo Palma no interviene más en los debates de su cámara. Esta decisión no hace más que ratificarse con el paso del tiempo. En enero de 1875, escribe: «Abrumado por las decepciones, enfermo del cuerpo y el alma, he vuelto a la vida literaria, santo refugio para el espíritu en las horas de tormento. Hastiado del presente, me he hecho a vivir en el paso rebuscando antiguallas y disputando a la polilla libros viejos. La conciencia me dice que acaso hago en esto un servicio a mi país» (Palma, citado en Miró, 1953, p. 109). VII El proyecto político implícito en las Tradiciones peruanas debe entenderse en función de la necesidad de crear un sujeto colectivo que diera estabilidad al (des)orden social peruano. En realidad, el problema de fondo 99

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx