La urgencia por decir nosotros

estrofa, Paz Soldán aprueba que Palma, el tamalero, se suba al campanario y repique las campanas, pues de otra manera nadie le haría caso. «No mama el que no sabe llorá». Pero en la segunda estrofa se insinúa que el «tamarerito» quiere ser sodomizado y que para ello no necesita hacer tanta bulla; que se ha olvidado de que el autor del poema está allí, dispuesto a hacerle el favor. «So yo mulato ¡Canario!/ que te arimaba detrá». El quejido lloroso, la bulla del «tamarerito», es un reclamo equivocado, fuera de lugar, por ser sodomizado. Para satisfacer su gusto no debería echar al vuelo las campanas sino buscar a su mulato de confianza. Se presenta pues una visión degradada de Palma: negro y maricón, escandaloso y engreído. En el fondo se trata de silenciarlo, no atender a sus razones, descalificarlo porque lo que dice tiene un origen muy distinto al manifiesto. Pedro Paz Soldán y Unanue, epítome de la aristocracia criolla, le aconseja a Ricardo Palma, el mestizo arribista, que se calle. Pero Palma no se va a callar. Continúa en el periodismo y la política. Su opción política es el liberalismo, la búsqueda de la participación del pueblo en la política, la creación de la ciudadanía que inmunice a la República contra los males del caudillismo militar. Y está también en contra de la alianza de la antigua aristocracia, remozada gracias a los negociados del guano, con los militares. Pero hacia 1872 Ricardo Palma decide abandonar radicalmente el terreno de la política. Desde entonces se consagrará, totalmente, al quehacer literario, en especial a la escritura de las Tradiciones peruanas y a la dirección de la Biblioteca Nacional. En realidad, el abandono de la política es relativo, puesto que Palma continuará en ella pero desde la literatura. Su opción debe entenderse en el contexto de una crítica radical a la política partidaria, a la que tiene por desgastante e infecunda. En efecto, como todos los intelectuales de su época, Palma participó activamente en política. Militó en las filas del liberalismo peruano, movimiento cuyo representante más insigne fue José Gálvez. El liberalismo preconizaba la participación del mundo popular en la política. Su propuesta era enraizar a los gobiernos y al Estado en la sociedad. Sería necesario crear una sociedad de ciudadanos que mediante elecciones y un sistema de partidos pudiera delegar su soberanía a un gobierno legítimo. Así podría constituirse un orden social donde la ley respondiera a los intereses nacionales, representando entonces una presencia efectiva y ordenadora de la realidad social. Este proyecto contó 97

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