La urgencia por decir nosotros

Pero la adhesión a este ideal comunitario y meritocrático es también una manera de defenderse contra la hostilidad de un medio social elitista, que no puede ver con buenos ojos el encumbramiento de un mestizo, por más talentoso que sea. Más aún cuando la crítica de Palma apunta contra la aristocracia y la segregación. Entonces, especialmente en su juventud, cuando aún no era el autor indisputado que llegaría a ser, Palma tuvo que enfrentar la descalificación racial. Sus opiniones no contaban tanto, por ser él una «huayava (sic) verde liberta», como le dijo el italiano Musso en el contexto de un conflicto por la posesión de una propiedad. La guayaba es una fruta tropical que es cosechada verde a fin de impedir que se malogre en el árbol. Una vez madura, adquiere un color amarillento. Entonces el sentido del insulto se entiende mejor. Es como si Musso le dijera: «¡Inmaduro aún sin el color que te corresponde, ex esclavo!». Es decir: «No vales nada» (Holguín, 2000, p. 100). Holguín reseña otros ataques racistas que sufre Palma. Pero el más significativo proviene del escritor aristocrático Pedro Paz Soldán y Unanue, el joven y belicoso Juan de Arona. Este, en efecto, recurrió al expediente de desprestigiar y poner en ridículo a Palma mediante una versada memorialista “El tamalero”— escrita en el colorido aunque imperfecto lenguaje de los negros de Lima, lo que sin duda obedeció al propósito de acusar su origen» (Holguín, 2000, p. 100). Campanerito de mi ánima Jacé bien en repicá, Que en eta tiera no mama El que no sabé llorá… Campanerito de mi ánima tamarerito se va… ¿Puqué etá tú en campanario no conece ya a mí? ¡Gua! So yo mulato ¡Canario! que te arimaba detrá… Campanerito. (Holguín, 2000, pp. 100-101). La sátira se da en el contexto del ataque de Palma al gobierno de Mariano Ignacio Prado. La idea es burlarse de su ascendencia negra, hecho que lo descalificaría como interlocutor. Y la puya es procaz. En la primera 96

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