nueva sensibilidad es el virrey Manuel Amat y Junient (1704-1782). En la tradición llamada «Rudamente, pulidamente, mañosamente» Palma nos presenta a Leonorcica Michel, una atractiva joven limeña, casada […] con un honradísimo pulpero español, más bruto que el que asó a la manteca, y a la vez más manso que todos los carneros juntos de la cristiandad y morería. El pobrete no sabía otra cosa que aguar el vino, vender gato por liebre y ganar en su comercio muy buenos cuartos, que su bellaca mujer se encargaba de gastar bonitamente en cintajos y faralares, no para más encariñar a su cónyuge, sino para engatusar a los oficiales de los regimientos del rey. A la chica, que de suyo era tornadiza, la había agarrado el diablo por la milicia […] (Palma, 1952, p. 632). Cansado el marido de la liviandad de Leonorcica, decide abandonarla, vender su negocio e instalar una cantina en Valdivia, Chile. En la segunda parte de la tradición, Palma contextúa esta historia en la época del gobierno del virrey Amat (1761-1769): «A fines de 1771 se hizo Amat cargo del gobierno. “Traía —dice un historiador— la reputación de activo, organizador, inteligente, recto hasta el rigorismo y muy celoso de los intereses públicos, sin olvidar la propia conveniencia”». De otro lado, Palma incide en que «[su] liberalismo en materia religiosa se adelantaba a su época […]». Finalmente, el retrato culmina con una última pincelada: «licencioso en sus costumbres, escandalizó bastante al país con sus aventuras amorosas […] con Micaela Villegas, la Perricholi, actriz de teatro de Lima». En la tradición, es palpable que la eficiencia justifica la deshonestidad, pues el dinámico virrey no olvida «la propia conveniencia». Encontramos en este personaje al precursor de un modelo de autoridad muy aceptado por el actual sentido común. De allí surge la tan mentada frase «que robe pero que haga […]». Y efectivamente, el empeño del virrey se plasmó en una serie de obras de significación. Situación que no impidió que gastara suntuosamente y, sobre todo, que regresara enriquecido a la península. Pero Palma se inhibe «caritativamente» de cualquier juicio moral sobre el virrey: Sus contemporáneos acusaron a Amat de poca pureza en el manejo de los fondos públicos, y daban por prueba de su acusación que vino de Chile con pequeña fortuna y que, a pesar de lo mucho que derrochó con la Perricholi, que gastaba un lujo insultante, salió del mando millonario. Nosotros ni quitamos ni ponemos, no entramos en esas honduras y decimos caritativamente que el virrey supo, en el juicio de residencia, hacerse absolver de este cargo, como hijo de la envidia y de la maledicencia humanas (Palma, 1952, p. 634). 94
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