florece en la vida cotidiana y, también, en una conciencia laxa hacia las propias faltas que Dios tendrá que comprender y perdonar como fruto que son de la propia debilidad humana. IV El enorme poder de las ideas cristianas queda bien ejemplificado en la vida, visiones e impacto de Úrsula de Jesús —una esclava negra del convento de Santa Clara en Lima en el siglo XVII—. La historia de Úrsula ha sido rescatada por Patricia Martínez (2004) y Nancy van Deusen (Úrsula de Jesús, 2012) y nos permite introducirnos rápidamente en la falla que atraviesa la sociedad colonial. Siendo mujer, negra y esclava, Úrsula es la expresión más contundente de la degradación a la que puede llegar la condición humana en la Lima colonial. Pero pese a todo, en el apogeo del barroco, Úrsula de Jesús llega a convertirse en una figura de autoridad a la que acuden los poderes terrenales que temen por su destino ultramundano. Si encarna una respetada figura de autoridad es porque ella ha recorrido todo el camino de la renuncia, la purificación y la obediencia a Dios y, en consecuencia, Dios la ha escogido como interlocutora y mensajera. Desde este sitial de preferida de Dios, Úrsula advierte a sus contemporáneos de la dureza de las sanciones que él impone a las trasgresiones de quienes insisten en poner de lado, y no en el centro de la vida misma, el negocio de su salvación. En realidad Úrsula acepta, pero trasciende, la imagen convencional de Dios, la manejada por la Iglesia oficial. Sustentada en la tradición mística que concibe un camino directo a Dios a través de un cultivo heroico de la santidad, Úrsula se representa a Dios como exigente y severo, totalmente pendiente de la vida de sus criaturas. Dispuesto a juzgar y sancionar a los que se apartan de la estrecha senda que lleva a la redención. Frente a las exigentes demandas de Dios, (casi) siempre estamos en falta. Los sacrificios no alcanzan a congraciarnos con él; solo la entrega absoluta de la propia voluntad es garantía de salvación. Si persistimos en este camino de la entrega viviremos en la Tierra una suerte de cielo anticipado, el éxtasis místico de la unión con Dios. Un camino trabajoso, heroico, pero fecundo, por el que pocos están dispuestos a internarse. Pero, y esto es lo esencial, ese ser todopoderoso que se le aparece a Úrsula es una divinidad que niega la importancia de las diferencias de raza, género y condición social. Es un Dios «democrático» que sanciona a todos por igual. Ni la negritud, ni la condición servil, ni la 89
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