consiguiente del yugo colonial. Palma comprende que si se trata de crear una comunidad los hechos no pueden narrarse tal como sucedieron, pues el resultado sería trágico e irresuelto en la medida en que la dominación étnica y la fragmentación del mestizaje seguían siendo los datos mayores de la realidad del país. De allí lo acertado pero también lo limitado de la solución «tradicionalista». La ironía aligera la realidad y resguarda al presente del poder paralizante de lo trágico, pero todo ello a costa de alejarnos de las posibilidades transformadoras que abre la verdad. En cualquier forma, se trata de una solución de compromiso que podía ser aceptable para todos los integrantes del mundo criollo interpelados por Palma. Y en esta «solución», o compromiso, brilla su genio. Gracias a la sonrisa que el autor arranca en sus lectores, la historia del Perú es despojada de su sustancia trágica. Esa sonrisa es un llamado al olvido del pasado, tanto al que se fue como al que permanece asediando el presente. Es también un culto al goce de vivir y una apuesta al futuro. Y en la base de todo está el hechizo de palabras tan bien hilvanadas que es imposible resistirse a entrar al mundo encantado que ellas crean. Pero, en realidad: ¿que alumbra y qué oculta el genio de Palma? En su visón del mundo colonial, Palma presenta, en la cima, a una burocracia virreinal mayormente corrupta, compuesta de peninsulares, que suelen ser los peores, pero también de criollos avivados. Inmediatamente debajo está una aristocracia vanidosa, que vive de la gloria de su pureza de sangre y del valor de sus títulos nobiliarios. Y, luego, a la Iglesia y al clero, que están arriba y abajo, se los representa como dominados por el ansia de imperio y de brillo social, cuando no por la concupiscencia, especialmente en materia de alimentación. En el universo narrativo de Palma, la Iglesia domina las conciencias, apelando a la ignorancia, el temor y la superstición. Para él, la religiosidad colonial es de miedo y aparato, está congelada en ritos que no renuevan el mensaje evangélico. Finalmente, el pueblo llano es figurado como convenido y conformista, pero también alegre, pues es muy dado a los goces sensoriales e inmediatos: la comida, el sexo, el juego, la música y el baile. Nada es realmente serio en el mundo literario de Palma. No hay heroísmo ni conflicto en la imagen de la comunidad criolla edificada por él. No es que este cuadro sea totalmente falso, pero todo lo violento y beligerante está velado. Quizá lo más veraz de las tradiciones/invenciones de Palma sean ciertos apuntes sobre la rebeldía de las mujeres. En conjunto, el género femenino está mistificado, pues en el mundo de las Tradiciones la mujer reluce — 86
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