En realidad, el tono de las tradiciones es paródico. La parodia, afirma Agamben, debe entenderse en contraste con la rapsodia12. La rapsodia tiene un tono épico y narra las hazañas de un héroe con quien el público se identifica. Un rapsoda, como Homero, se mueve en una sociedad oral en la que repite sus declamaciones de pueblo en pueblo. De esta manera va generando un sentido de pertenencia, pues la misma comunidad se entreteje gracias al culto de los valores encarnados en héroes que la representan en su máxima pureza. La parodia es, en cambio, la imitación burlesca de la rapsodia. Hay una continuidad entre la rapsodia y los cantares de gesta del Medioevo, pues también se trata de composiciones en verso destinadas a exaltar el heroísmo de personajes que se postulan como representantes, y modelos, de la comunidad. Y en el siglo XIX, con el romanticismo, el género se reinventa bajo la forma de novela histórica, de la cual Walter Scott (1771-1832) es el autor más influyente. Ivanhoe, su novela más famosa, fue extensamente leída, también en América Latina. En un tono épico, Scott narra las hazañas de un héroe sajón, campeón de la justicia, defensor de los derechos de Ricardo Corazón de León contra las pretensiones de su hermano, Juan Sin Tierra. Se trataba de dar forma a la figura de un hombre justiciero que, guiado por el amor a su patria y a su prometida, es capaz de las mayores hazañas. Palma tenía un gran interés por la historia, una inclinación que puede atribuirse a su deseo de construir una comunidad en el Perú. Pero los materiales que le ofrece la historia del Perú criollo no se prestaban a la elaboración de una épica nacional. Entonces, entre la urgencia de (re)crear una comunidad y la realidad de un país fragmentado y sin héroes, Palma recurre a la parodia. La aproximación paródica pretende construir una comunidad pero dejando de lado el tono épico; acentúa, en cambio, la ironía, el humor y la complicidad. Si en la rapsodia se resalta el heroísmo y la disposición al sacrificio de los miembros de una colectividad, en la parodia se enfatiza el lado cómico, de manera que el auditorio no se identifica con los aspectos sobrehumanos del héroe sino con sus dramáticas limitaciones. La historia de la comunidad tenía que ser fabulada, remarcando las convergencias, y sin explorar demasiado las tensiones y la disgregación. En realidad, en el Perú del XIX era imposible elaborar una narrativa épica, una gesta cuyo argumento fuera la paulatina unificación del pueblo peruano, la toma de conciencia de su singularidad y la liberación 85
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