linda para quien amasaban pan los panaderos de esa época. Doña O, que tal era el nombre de la tía, era beata de la Orden Tercera y de aquellas que, al andar por la calle, se inclinan con frecuencia al suelo para separar las pajitas, diciendo, como la ña Catita de una preciosa comedia de Manuel Segura: . . .aquí hay una cruz: no la vayan a pisar. Doña O no admitía en su casa más visita masculina que la de algunos frailes cogotudos y la de don Alonso Esquivel, con quien la vieja andaba en arreglos para casarlo con la sobrina. Pero Jovita se había encaprichado en no querer para marido a hombre que, amén de peinar canas y sufrir de reuma gotoso, exhalaba olor a cera de sacristía. Decía la mocita que los viejos son como los cuernos: duros, huecos y retorcidos. Melindres aparte, yo diré a ustedes en confianza que si la niña hacía fieros al cascado galán era por tener sus dares y tomares con un buen mozo llamado don Juan Manuel Ballesteros, por quien doña O experimentaba más tirria que el diablo por el agua bendita (Palma, 1952, p. 521). Palma nos instala directamente en el conflicto entre doña O y Jovita, entre el matrimonio por interés y el que sigue el impulso del amor. El primero asociado a la vejez, la cucufatería y la utilidad económica. El segundo a la juventud, la belleza y el desprendimiento. En realidad situar este conflicto en 1717 es anacrónico, pues en esa época el matrimonio era convenido por los padres o tutores; la elección personal basada en el amor surge recién a fines del XVIII, bajo la influencia del romanticismo. En todo caso, lo que plantea Palma es una suerte de melodrama de carácter trágico, pues Esquivel, al ser rechazado por Jovita, decide, en complicidad con la tía, internarla en un convento, y así impedir el matrimonio con Ballesteros. Desesperado, Ballesteros asesina a Esquivel, pero es capturado y ajusticiado. Nótese que Palma no remarca las características étnico-raciales de sus personajes. Lo único que sabemos es que Alonso Esquivel «blasonaba de nobleza y lucía escudo», pero nada se nos dice sobre la situación social de doña O, Jovita y Ballesteros. Queda claro que el amor puro de los jóvenes no podrá consumarse por la intervención de las fuerzas que representan al despotismo. El éxito del género y la perseverancia del autor explican que Palma escribiera tradiciones durante 56 años, desde 1854 hasta 1910. Tradiciones que publicó en diez series entre 1864 y 1910. III 84
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx