La urgencia por decir nosotros

tradición suele ser un suceso curioso, o la trayectoria de un personaje, o la historia de una costumbre; en general, hechos extraordinarios, que escapan de lo cotidiano. Noticias «sabrosas», diríamos ahora. No obstante, este núcleo suele ser contextualizado con apuntes más o menos eruditos sobre el período histórico en el que ocurrió el hecho que motiva la tradición. Y para entramar el suceso en la historia, la referencia principal es el haber sucedido en el gobierno de tal virrey o presidente. Este encuadre histórico da al relato un viso de verosimilitud a la par que lo adscribe a una época. Dicho procedimiento da al conjunto de tradiciones la impronta de representar, a la manera de un mosaico, la historia de la sociedad peruana. Muchos de los núcleos narrativos provienen de la tradición oral que Palma depura, transforma y embellece. Otros los encuentra en crónicas y antiguos documentos. Pero establecer la verdad de lo sucedido no es el ideal regulador de las Tradiciones. La meta es ir fijando, en forma divertida y asequible, la forma de ser de los limeños. Este carácter fundamentalmente imaginado de las Tradiciones ha sido sugestivamente subrayado por Martín Adán: «Si examinamos mejor, advertimos que Palma desdeña la escena; que nunca describe cosas; que alude a humanos como a palabras; que la realidad que nos da es sustancialmente literaria; que su ficción nos vence como nos vencen el amor, sueño, y hambre» (1968, p. 364). Lo extraordinario le interesa a Palma en tanto que, de alguna manera, resulta típico de una sensibilidad colectiva. Otro componente esencial del género es la aparición constante de la voz autoral, que, paradójicamente, suele señalar que aquello que se va a contar no es una invención del autor. Entonces él aparece para negar su autoría. Muchas de sus tradiciones empiezan señalando que Palma escuchó la historia cuando era muchacho. Otras veces, la voz autoral interpela directamente a sus lectores presumiendo que muchos de ellos sabrán de los sucesos que son materia de la narración. Todas estas estrategias están destinadas a subrayar la «tradicionalidad» de los relatos y a presentar al narrador como un simple recopilador de fuentes orales y escritas. En todo caso, Palma logra una escritura sencilla, amena, burlona, que lo acerca a un público amplio. Aquí tenemos, por ejemplo, el inicio de la tradición «La excomunión de los alcaldes de Lima»: En mitad de la calle del Milagro había, por los años de 1717, una casa de humilde apariencia, vecina a la de Pilatos. Ocupaban la casita del Milagro una vieja con más pliegues y arrugas que camisolín de novia, y su sobrina Jovita, la chica más 83

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