incentivo de boceto por su destino de retrato» (1968, p. 303). En todo caso, más allá de lo paradójico, Palma fue extremadamente exitoso en definir o crear la identidad criolla, que él concibe como la auténticamente nacional. Y el instrumento para este logro fue una narrativa sugerente y persuasiva que, ocultando y revelando al mismo tiempo, pudo fundamentar un orgullo en torno a lo que compartían los limeños. En esos bosquejos del pasado y del presente que pretenden ser las tradiciones hay tantas luces como sombras. Pero no puede olvidarse que se trata del primer asomo de lo peruano. En la raíz de estos logros y paradojas está un talento, una vocación y una persistencia; todos ellos extraordinarios. Pero, quizá, lo verdaderamente decisivo es el coraje y la insolencia de Palma. Despreciado por la aristocracia criolla, que perseveraba en un modelo colonial, segregacionista y jerarquizante, Palma se burló de ella, erosionó su legitimidad histórica y la terminó acercando al mundo popular. Y la respuesta, aunque demorada, de esta aristocracia no fue otra que «blanquear» a Palma; entonces, el antiguo enemigo se convirtió, desde fines del XIX, en el maestro admirado a quien la aristocracia criolla miraba agradecida, pues había abierto un camino hacia el futuro. Un camino que mermaba sus cuestionados privilegios pero en el que, a cambio, podía sentirse parte de la emergente nación peruana. Pero, a todo esto, ¿quién era Ricardo Palma Soriano? Oswaldo Holguín lo presenta como «[…] hijo de un hombre nacido en la sierra del Perú, Pedro Palma, y de una mujer costeña, Dominga Soriano. Aquél era un mestizo que se ganaba la vida como comerciante, ésta una “cuarterona” joven y agraciada venida al mundo en Cañete» (2000, p. 97). Siendo el fenotipo y el origen social hechos tan relevantes en esa época, hechos contra los que el propio Palma se rebela, conviene ser más específicos. El padre de Ricardo, Pedro Palma, nació entre 1801 y 1802, en Cajabamba, Huamachuco, localidad que en esa época pertenecía a la provincia de Trujillo. Fue mestizo, hijo ilegítimo de Juan de Dios Palma y Manuela Castañeda (indígena) (Carbone, s/f). Entonces, la situación se aclara un poco más. Para hablar en el lenguaje colonial de las castas: Palma era hijo de un «cholo» (tres cuartos de indígena) y una mulata o cuarterona (mitad o un cuarto de negra). Pese a la humildad de estos orígenes, logra estudiar y muy joven es ya capaz de solventarse. Es muy probable, como señala Holguín (2000, p. 99), que Palma heredara de su padre un mandato de progreso social, una suerte de 76
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