La urgencia por decir nosotros

los peruanos desde una perspectiva pedagógica. Sus cuadros reconstruyen escenas emblemáticas de la historia del Perú: los trece de la isla del Gallo, la captura de Atahualpa, la proclamación de la Independencia, la batalla de Arica, el «repase» o asesinato de los soldados peruanos heridos en la batalla de Huamachuco, la negación de Bolognesi a rendirse, la batalla de Miraflores, la entrada de Piérola a Lima en 1895. Con independencia del valor artístico que puedan tener sus obras, es muy clara su perspectiva criolla, más bien aristocrática, y, sobre todo, la enorme influencia que sus imágenes han tenido a través de la divulgación escolar. 3 «La proporción en que se hallan las diferentes castas de gentes que la habitan deben dar los recelos que en otras ocasiones han causado en momentos de turbación por ignorarse la razón en que estaban; pues según el adjunto estado para cada indio u originarlo suyo se hallan 5 y 1/8 de las demás castas; para cada esclavo hay 4 y algo más de 2/13 entre los libres; por cada persona de color libre o esclavo hay un blanco; y en caso de que los esclavos conserven una unión concertada con los indios y mestizos hay entre los blancos y personas libres de color dos por cada uno. Cuyas observaciones es muy útil se anticipen a los acontecimientos, para proceder inclinando la balanza donde convenga, y sin temer una quimera como las que han solido formar la ignorancia, se podrán dar con oportunidad y firmeza aquellas providencias que ahogan en su origen las fermentaciones en caso que no hallan podido impedirlas» (carta del virrey, citada por Pérez Canto, 1982, p. 392). 4 Ver al respecto mi artículo «La utopía del blanqueamiento y la lucha por el mestizaje» (2013). 5 Según Natalia Majluf (2008), Fierro podría haber pintado unas cinco mil acuarelas en el transcurso de su vida (p. 38). Cálculo probable aunque enteramente hipotético. Se basa en el supuesto de que Fierro hubiera pintado cien acuarelas por año durante cincuenta años de ejercicio artístico. 6 Macera continúa: «Para hacerlo, Pancho Fierro no requería de esfuerzo: el Perú es un país disimulado que siempre ha hecho muecas a espaldas de sus dominadores, ya sean chavines, waris, incas, españoles, gringos, criollos o mestizos, convirtiendo cada cortesía aparente en un insulto. Esta idea nuestra es, por ahora, menos una interpretación que una hipótesis acerca de Pancho Fierro. Poco sabemos de su propia vida: aprendizaje inicial, amigos, clientela, familiares. Convenimos en que aún faltan estudios que relacionen esa escasa biografía con el mundo estético que produjo y que evidencien la actuación de los factores externos» (2009, p. 253). «Sin duda que Pancho Fierro gozó con la creación y representación del mundo cotidiano limeño que era el suyo, de ahí que nada escapara de sus acuarelas, cualquiera que al respecto fuera su disconformidad personal. Ese mismo efecto doble produjeron, desde entonces, sus obras, convirtiendo la experiencia estética en una experiencia paradojal, que lleva a gozar a través de y con ocasión de aquella misma realidad social que es rechazada. Lima resultó así, desde entonces, y gracias a Pancho Fierro, una ciudad estéticamente disculpada» (p. 258). 7 En la partida de bautismo, descubierta por Gustavo León y León, se lee: «En la ciudad de los Reyes de Perú, en mil ochocientos y nueve, yo el infrascrito Teniente de los curas de esta Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús Vice-Parroquia de la Santa Iglesia Catedral, puse óleo y crisma a Francisco de edad de un año y cuatro meses, bautizado en 73

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