La urgencia por decir nosotros

Respecto a la relación entre Fierro y los «pintores itinerantes», el mismo autor nos dice: «La interacción que se produjo entre Pancho Fierro y esos pintores señaló el primer florecimiento del costumbrismo. El acuarelista peruano ofreció, ya entonces, un amplio repertorio de escenas y personajes que fue aprovechado en las composiciones pintorescas trazadas por los europeos. Al mismo tiempo, ese intercambio le permitió al limeño su modalidad personal, ágil y popular» (2007, p. 34). Finalmente, Stastny condensa: En su vasta producción costumbrista, Pancho Fierro dejó una imagen sabia y ponderada, que se refleja en la diversidad de sus personajes. Los años de trabajo profesional y de observación en plazas y calles condujeron a que madurara una personalidad risueña y perspicaz […]. Supo sonreír sin ser mordaz, ser comprensivo sin conducir al engaño. Y en resumen, sus acuarelas traducen a Lima como el caleidoscopio de una comedia humana largamente meditada, que nunca se detiene (Stastny, 2007, p. 45). Desde una perspectiva más nacionalista, pero menos informada de los avatares que recorren el mundo de las imágenes, Manuel Cisneros Sánchez (1975) escribe: «Fierro no tuvo conocimiento sobre la existencia de óleos y acuarelas previas a él. Artistas que trabajaron las mismas técnicas solo tuvieron vidas paralelas a él, mas no tuvieron vínculos ni intercambios. Si tratamos de ubicar alguna inspiración para la génesis de su estilo, esta pudo encontrarse en el arte vernacular del pirograbado de poros y calabazas (mates burilados)» (p. 195). Cisneros Sánchez trata de acuñar la imagen de un pintor netamente limeño que, en todo caso, podría haber bebido de la tradición andina. Existen pues muy diferentes interpretaciones. En un extremo tendríamos a Villegas, que coloca a Fierro como discípulo aprovechado de los artistas viajeros, y en el otro a Cisneros, que descarta cualquier influencia foránea. Pero en el medio tenemos las apreciaciones de Majluf y Stastny, y también del propio Villegas, que en otra parte de su texto nos dice que quizá más conducente sería pensar en un juego de influencias: «Mary Louise Pratt ha estudiado el diálogo entre los viajeros europeos y americanos y refiere que la mirada del viajero estuvo condicionada por un conocimiento previo del imaginario local. La autora utilizó el término transculturación como la diferencia de significados culturales entre observadores europeos y artistas locales. Además, establece como “zona de contacto” el lugar común entre viajeros y locales» (Villegas, 2011, p. 31)9. 60

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