La urgencia por decir nosotros

mirada y su pintura, no es producir estereotipos abstractos sino expresar la realidad viva de su tiempo. Es verdad que algunas de sus acuarelas parecen ganadas por la urgencia, de manera que los trazos son esquemáticos y hasta elementales, pero en muchas otras está presente, destellando, la realidad inmediata de lo visto y vivido. ¿Por qué la gente se asusta de verse retratada? Siguiendo la intuición de Macera, podemos decir que el arte de Fierro es subversivo porque la disculpa y el disimulo, que se originan en la aristocracia criolla, son revelados de forma sutil pero efectiva. Es decir, se muestra a la gente fuera de su disimulo pero sin un ánimo agresivo de confrontación. Prima la distancia y la ironía risueña sobre la crueldad de la burla o el didactismo pastoral. De otro lado, si el mundo de la aristocracia criolla se disculpa y disimula es porque sus integrantes no son como deberían ser para que fueran realmente apreciados. Son de una manera diferente, que resulta vergonzosa y conviene esconder. A través de estas imágenes, nada idealizadoras, Fierro devuelve a su sociedad un retrato de sí misma que ella no quisiera ver ni asumir. Pero, otra vez, Fierro no ridiculiza, sus modelos están envueltos en una atmósfera de dignidad. Es como si él quisiera persuadir a sus contemporáneos de que no son tan inadecuados como ellos pueden pensar. Entonces en sus imágenes puede haber crítica pero hay también una invitación a que sus retratados asuman su realidad, a que se reconcilien con su propia humanidad y se transformen. ¿De dónde pudo surgir una mirada tan humana y democrática como la de Fierro? Hasta hace poco se ignoraba casi todo sobre el pintor mulato. Ahora, gracias a las acuciosas investigaciones de Gustavo León y León Durán, sabemos muchos hechos de su vida (2004). Hechos que no podemos dejar de relacionar con su mirada, con su humanidad profunda, que se percata y acepta la alteridad, en vez de ocultarla y recaer en la usual reducción de la diferencia al estereotipo consagrado. En vez de la idealización de pintar la realidad tal como al mundo criollo aristocrático le gustaría que fuera, Fierro se deja llevar por una estética naturalista que, en sus circunstancias, es necesariamente crítica. Francisco Fierro nace en 18077. Su padre, Nicolás Fierro, fue doctor, presbítero y cura de la doctrina de San Damián. Pertenecía a una familia importante de la Lima de la época, y María del Carmen Palas, su madre, fue su esclava y criada. A poco de nacer Francisco, su madre fue vendida como esclava a una familia vecina. Aparentemente se trataba de evitar el escándalo que significaba la relación entre el joven estudiante de teología 33

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