eran de unión y empresa, siendo todos sirvientes y estando diseminados en una vasta ciudad con rarísimas ocasiones de trato confidencial (Hall, 1999, p. 55). Sea como fuere, el hecho es que, atenazados por el miedo, los limeños se encierran en sus casas. Nadie circula por las calles. La vigilancia es mínima, pero apenas hay desórdenes. Finalmente, el temido motín no se produce y, previa invitación cursada por una junta de hombres ilustres, una avanzada del ejército de San Martín entra a Lima el 12 de julio de 1821. Entonces, el miedo se disipa, la gente sale de sus hogares, la normalidad se recupera. El día 15, San Martín anuncia la Independencia y declara la libertad de todos los hijos de esclavos que nacieran con posterioridad a esa fecha. En este momento, Basil Hall hace una observación que es muy pertinente para contextuar las imágenes de Pancho Fierro: «Imaginábamos que los esclavos estarían más placenteros que de ordinario, pero fue una decepción, probablemente derivada de contrastar su imperturbable alegría con la duda y lobreguez que habían oprimido todos los ánimos» (Hall, 1999, p. 61). La apreciación de Hall coincide con lo que se observa en las imágenes de Fierro. Me refiero, otra vez, a la alegría contenida de los negros. Algo radicalmente nuevo había ocurrido, y ellos, los negros, eran los beneficiados; sin embargo, no habían sido los protagonistas, ni tampoco tenían claro el significado de lo acontecido ni el porvenir que les aguardaba, pues, para empezar, las tropas realistas ocupaban la mayoría del país. Esta situación, de alegría incierta y expectante, está magistralmente captada por Fierro. La veracidad de sus imágenes es indiscutible. A diferencia de Leppiani, no mistifica. La misma incertidumbre esperanzada debió estar presente en las primeras conmemoraciones de la declaración de la Independencia. Así, al menos, lo atestigua Fierro en sus imágenes. IV Pese a que Pancho Fierro pintara miles de acuarelas y fuera ampliamente conocido en su época, casi no hay testimonios escritos por sus contemporáneos sobre su vida y obra. El más importante es una nota necrológica aparecida en el diario El Comercio: Ciertos estamos que pocos de nuestros lectores habrán dejado de oír ese nombre hablándose de pintura nacional, de esa pintura de costumbres por la que se traslada al papel o al lienzo los tipos nacionales. Pancho Fierro, al decir de uno de nuestros amigos, era para la pintura lo que Segura era para el drama. Tomaba el 30
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