arqueología, donde remite a la idea del tránsito del nomadismo a la vida sedentaria y, por tanto, a la sensación de precariedad y primitivismo. De otro lado, «cono» (cono norte, sur, este) resulta inédito y forzado, puesto que define a un espacio urbano a partir de un accidente geográfico, el tramo final de la cuenca de un río; situación que no tiene antecedentes y que tampoco ha sido escogida por la gente que puebla ese hábitat. Por último, el término «población» o «barrio marginal» comparte con el de «barriada» una vocación clasificatoria y despectiva. ¿Se trata de una realidad sin un nombre categórico que la designe? En general, nombrar es separar a partir de identificar una diferencia que viene a representar una suerte de marca o frontera. Pero en el caso al que nos referimos, lo que se marca a través de las nominaciones sucesivas (lo cholo, lo chicha, lo nuevo), va en detrimento de lo marcado. No se debe perder de vista que aquellos que nombran son un «nosotros implícito», es decir, «los que no somos cholos y vivimos en barrios consolidados». Ese nosotros implícito se define a partir de una distancia con un «ellos», una colectividad a la que se atribuye un menor valor, un prestigio reducido. Retomemos la pregunta sobre la inestabilidad de las nominaciones. Es un hecho que los nombrados no han acogido los términos con los cuales han sido designados. Y los que nombran tampoco se han convencido de la pertinencia de sus elecciones. Entonces lo que la imposibilidad o dificultad para poner un nombre muestra es una inestabilidad en el campo de las representaciones. Si no arraiga un nombre es porque nadie está seguro de las diferencias que ese nombre pretende perpetuar. Y esta volatilidad está vinculada a la reivindicación de la igualdad y la ciudadanía. Creo que se puede decir que, temerosa de discriminar o ser discriminada, la gente prefiere realzar su igualdad y colocar su diferencia en un segundo plano. En todo caso, la capacidad de este mundo para representarse está en pleno desarrollo. Mirko Lauer69 ha observado que, pese a ser la migración el proceso que funda el Perú moderno, no hay aún una gran novela que lo narre desde adentro. Quizá porque la novela exige una formación, necesariamente dilatada, y una disponibilidad de tiempo que no son nada fáciles de conseguir. Otros lenguajes son mucho más asequibles: la música, la imagen, la poesía; a través de ellos el genio popular ya ha dejado su huella. Examinar esta densidad cultural es el tema de un siguiente libro, por lo que en estas líneas solo caben algunas reflexiones generales. 293
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx