La urgencia por decir nosotros

38% del total de los habitantes. Y el 58% de ellos habla idiomas nativos. Mientras tanto, Lima tiene cerca de 120 000 habitantes, es decir, el 4% del total. Se trataba de un país poco poblado y de regiones incomunicadas. Predomina el aislamiento en comarcas pequeñas, en las que florecen poderes locales. El Estado es débil y su soberanía, ficticia, al menos en gran parte del territorio. La Iglesia y la religión son las fuerzas unificadoras de mayor envergadura. Las cifras mencionadas manifiestan que la propuesta criolla de representar el futuro del Perú era desproporcionada. También se comprende mejor la posición de González Prada, en el sentido de que habría que escuchar a las mayorías indígenas, o a sus representantes, antes de imaginar un futuro compartido para los peruanos. En realidad, el empeño criollo tenía como respaldo la creciente centralidad económica y política que cobraba Lima como consecuencia de la prosperidad guanera y el desarrollo de la agricultura de exportación. Sea como fuere, ahora, a principios del siglo XXI, la población es diez veces mayor, y la mayoría de los peruanos vive en ciudades, sobre todo en la costa. De otro lado, la cifra de la población que habla algún idioma nativo se ha reducido a 16%. De modo que el Perú de hoy es un país mestizo, mayoritariamente urbano y costeño. Y el nacionalismo criollo fue, indudablemente, el proyecto que impulsó la educación primaria y la castellanización; también las migraciones y la creciente concentración demográfica en la costa y en Lima. Pero el proceso migratorio, lejos de ser dirigido por el Estado y estar acompañado de un proceso de aculturación, tal como se planteaba desde la imaginación criolla, ha sido una realidad que, por su fuerza y magnitud, se salió de los cauces previstos. Entonces, los migrantes no se incorporaron a las ciudades criollas, sino que fundaron nuevas aglomeraciones urbanas alrededor de ellas, donde la aculturación no ha impedido la persistencia de antiguas tradiciones ni la apertura al proceso de globalización. Arguedas denominó lloqlla (‘aluvión’) a este proceso. En épocas más recientes, José Matos Mar ha acuñado el término «desborde popular» para referirse a la manera en que la migración andina ha excedido largamente las débiles propuestas de incorporación de la sociedad criolla (1984). Hacia fines de la década de 1950, Arguedas percibió con clarividencia, y júbilo, los límites de la homogenización criolla. En la capacidad de asociación de los migrantes, en su vehemente deseo de progreso y reconocimiento, en sus gustos musicales, en sus fiestas, civiles y 290

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