La urgencia por decir nosotros

Un espacio donde se puede registrar este proceso es la nominación de los acontecimientos traumáticos. La historia oficial criolla, en su decisiva prolongación escolar66, habló de la secuencia descubrimiento-conquistavirreinato. Estos nombres invitan a pensar que el Perú es «descubierto» y «conquistado». Estos pensamientos pueden ser válidos para los españoles y sus descendientes criollos, pero no para los indígenas y la gente que se identifica con su perspectiva. Desde esta última se comienza a hablar en la historiografía peruana de «invasión» y «resistencia a la imposición». Es indudable que estos términos son mucho más justos que los de «descubrimiento» y «conquista», que son contradictorios entre sí, pues el primero sugiere que no había nadie en estas tierras y el segundo establece que sí había gente pero que ellos, los nativos, fueron definitivamente vencidos. Desde el quinto centenario del «descubrimiento» de América (1992), la retórica oficial ha concedido que aquello que debe conmemorarse no es un descubrimiento sino un encuentro de pueblos. Se trata sin duda de un avance, pues este término visibiliza la existencia de seres humanos que la palabra descubrimiento tiende a eliminar. Entonces, ¿qué?: ¿descubrimiento, encuentro o invasión? Creo que una «memoria justa» adoptaría la palabra invasión, pues la llamada «conquista» no fue otra cosa que una empresa de pillaje, protagonizada por aventureros marginales y financiada por capitales privados, pero contando con el auspicio de la corona española. No obstante, tampoco podría prescindirse de la palabra encuentro, pues, mal que bien, hubo un activo intercambio cultural que transformaría para siempre a las sociedades nativas. El uso de la palabra «invasión» supone un identificarse con los pueblos nativos, ver la historia desde su perspectiva. Y en vez de virreinato sería más justo y veraz hablar de colonización y resistencia indígena. La intensidad del trauma que significó la invasión para vencedores y vencidos y la huella que ese trauma ha dejado en el Perú y las sociedades de América es muy difícil de exagerar. Hubo muy poca piedad en el uso de la violencia física y simbólica por parte de los invasores. Y para explicar, y justificar, lo sucedido, los invasores y sus descendientes se aferraron a una visión providencialista de la historia, en la que ellos aparecían como los benefactores, pues de sus manos venía el evangelio salvador de las almas de seres tan disminuidos como los indígenas. Pero, como hemos visto repetidas veces, este discurso oculta muchas cosas, pues dignifica la voracidad explotadora como vocación misionera, tanto que termina creando un sentimiento de culpa, un malestar en la subjetividad criolla que 287

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx