La urgencia por decir nosotros

XIX sirvieron para justificar una explotación mayormente impía que, sin embargo, se quería pensar como orientada hacia el propio bien de sus víctimas. En el mundo criollo el resultado de esta incongruencia es un trasfondo cínico, una actitud doble y poco sincera. Y desde esta «falta» constitutiva surge la culpa, un malestar que se instala en la subjetividad criolla. Freud dice que la culpa suele ser inconsciente y que se expresa como una necesidad de castigo. O, si llega a ser consciente, puede elaborarse como un deseo de reparación, precisamente el camino que siguió el indigenismo criollo o misti. Entonces, el fantasma de la guerra de razas no solo surge de los antagonismos étnicos sino también de ese trasfondo de culpa y esa añoranza de castigo que resultan del cinismo del invasor que el mundo criollo hizo suyo. Este fantasma dio lugar a una lectura de la insurrección de Sendero Luminoso que enfatiza su vínculo con los pueblos indígenas64. En los últimos años ese fantasma se ha ido diluyendo y transformando en el temor a la generalización de la delincuencia. No obstante, aún debilitada, esta narrativa, de temor y lucha contra la «indiada», sigue marcando a la identidad criolla como estando a la defensiva en un país cuya complejidad no acaba de entender ni asumir. El fantasma correlativo a la guerra de razas es el de Inkarrí. Esta narrativa se incuba en el período colonial como un llamado a la resistencia a la dominación española. Los motivos centrales del relato son que el inca no ha muerto y permanece, digamos, en una vida suspendida, dentro de la tierra. Eventualmente, desde las sombras regresará a una vida plena para restablecer una sociedad indígena a cuya cabeza se encontrará un gobierno fuerte pero benevolente, tal como se suele imaginar al Imperio de los incas siguiendo a Garcilaso de la Vega (1991). Este núcleo narrativo se desarrolla de diferentes maneras pero la mayoría apunta a glorificar a un héroe civilizador nativo, Inkarrí, que fue alevosamente vencido por una poderosa presencia foránea: Españarrí. La fantasía de Inkarrí introduce una complejidad en el mundo subjetivo de las poblaciones indígenas. Son indios, vasallos del rey, pero también son indígenas que están a la espera de un cambio radical que podría advenir en cualquier momento. Entonces, la expectativa del regreso de Inkarrí subvierte la condición de indio como definida por la resignación frente a la servidumbre. Así como en el mundo criollo el fantasma de la guerra de razas pone en evidencia un trasfondo de perversión y ansiedad, de la misma manera en el mundo indígena el fantasma de Inkarrí hace 285

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