una arbitrariedad a la que se puede poner freno si los indios superan sus miedos y se organizan. «Agua» anuncia el futuro: la creciente rebelión de los campesinos indígenas que se empoderan conforme toman conciencia de sus derechos y limitan el poder gamonal. Visto el relato en retrospectiva, es sorprendente cómo Arguedas anticipa con clarividencia los rumbos que habría de tomar la lucha contra el gamonalismo. Las iniciativas que desestabilizan la servidumbre indígena no pasan tanto por la violencia armada sino por la transformación cultural: las migraciones, la proliferación de escuelas y la castellanización llevan a un aprendizaje de derechos, a un cambio de mentalidad, que facilita una acción colectiva que desbarata la opresión gamonal. En efecto, ya desde inicios del siglo XX la población indígena está a la ofensiva. Y su triunfo es definitivo en la década de 1960, cuando las comunidades, en todo el país, ocupan las tierras que les habían sido usurpadas. Se trata de un movimiento, como señaló Carlos Iván Degregori, masivo y pacífico60. Los cuentos que integran Agua están escritos bajo la influencia directa de Mariátegui y Amauta. Aunque vayan más lejos, según indica Stein (2013), pues en ellos no solo se muestra la opresión gamonal sino que se insiste en la necesidad de la resistencia indígena impulsada por los mistis disidentes. Son cuentos que se mueven entre la denuncia y la protesta, y que prefiguran la acción transformadora. En los años siguientes, el proyecto existencial de Arguedas se irá perfilando con mayor nitidez. No le interesa tanto una incidencia directa en la política cuanto mostrar la vitalidad de la cultura indígena. Entonces ya no se trata de satanizar y victimizar, sino de comprender la compleja dinámica de las sociedades andinas. Es el caso de Yawar fiesta, su primera novela, una obra maestra escrita a los treinta años, en 1941 (1983c). En vez de los personajes simples y estereotipados de la novela costumbrista-indigenista, la narración arguediana nos adentra en las ambigüedades de la vida de individuos y colectividades: en la opresión que sufren los indios, pero también en su estrategia para preservar su honra y dignidad; en la prepotencia de los hacendados, pero también en su dependencia de las autoridades corruptas del gobierno central, así como en su temor a la afirmación indígena y finalmente a la admiración frente a las muestras de alegría y bravura de los indios. Y, viendo realmente muy lejos, Arguedas plantea hasta qué punto puede ser conveniente sacrificar el goce tradicional, desenfrenado e intenso, en función de un progreso que lo atenúa con la prédica del autocontrol y la disciplina. En todo caso, permite 268
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