La urgencia por decir nosotros

por colocar su goce por encima de la ley. La sociedad gamonal cultiva la arrogancia y se fascina con la crueldad; en esta admiración está implícita una rebelión «demoniaca» contra el orden del Dios en quien se dice creer pero cuyos mandatos se ignoran. De allí que el mundo de los señores suela ser tan conflictivo. La arrogancia, el deseo de ir más lejos en el desacato de la ley, termina envenenando la relación entre los mismos señores, propiciando una competencia por el prestigio que dispone al conflicto. Y la instrumentalización de la religión los predispone a oscilar entre la culpa y el cínico nihilismo. VI La enunciación y el entramado de los primeros cuentos de Arguedas responden directamente al testimonio «Yo soy hechura de mi madrastra» que venimos de examinar. Estos cuentos fueron publicados, en 1935, con el título Agua y son tres: «Agua», «Los escoleros» y «Warma kuyay», este último el más celebrado por la crítica. En estos tres cuentos, Arguedas refiere eventos de la vida de un pequeño poblado andino siempre amenazado por la presencia de un desalmado gamonal. La perspectiva desde la que se relatan los sucesos es la de un niño-joven, blanco o mestizo, aunque «entropado» con los indios. Alguien que pertenece al mundo de los señores pero que simpatiza con los indios, pues ha sentido en carne propia la arbitrariedad de los poderosos y ha sido apoyado por los débiles. Este personaje no puede regresar a su ámbito original, ya que ha hecho del rechazo del abuso el fundamento de su identidad, pero tampoco podría incorporarse totalmente en la sociedad que lo ha adoptado. Los indios lo ven como a un niño misti maltratado, caído en desgracia. La situación de este personaje es entonces excepcional y poco duradera, pues prolongar su presencia entre los indios significaría casarse con una india, lo que está fuera de lo considerado como posible. Desde este lugar de enunciación, el narrador puede calar hondo en la relación entre señores e indios. Conoce ambos mundos y puede testimoniar lo que sucede. Los tres relatos son muy diferentes. En «Warma kuyay» — o «Amor de niño»— el poder del gamonal es indiscutible y la condición del indio se define a partir de una impotencia radical, constitutiva de su identidad. Ernesto, el niño misti, es testigo de los abusos de don Froilán, el malvado patrón, que viola a Jacinta, la muchacha comprometida con el indio Kutu, pero también amada, en secreto, por el propio Ernesto. Jacinta es india y es un poco mayor. El amor de Ernesto es platónico y revela el 266

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