que no resistirlo, ceder a su imperio, es condenarse a la amargura. Y, además, también se nos dice, en el orbe cristiano, que debemos perdonar porque nadie está libre de falta; todos hemos ofendido y necesitamos también ser perdonados. Entonces el odio y la ira vengativa son realidades humanas que no tienen mucho sustento en el campo de la moral oficial, ni, quizá, en el de la sabiduría. Volvamos a la frase: «Mi niñez pasó quemada entre el fuego y el amor». Creo que a la luz de lo dicho se puede concluir que en esta frase se expresa un compromiso. Hablar de fuego en vez de odio no solo es una cuestión de maquillaje; la sustitución corresponde también a una apuesta a sublimar, a redireccionar la enorme energía del odio. Y el fuego puede simbolizar al odio, o al amor, a cualquier pasión que «abrasa», pero esta misma plasticidad del fuego para simbolizar realidades distintas abre al odio otras perspectivas que van más allá de la venganza. En el relato, la alegría que Arguedas testimonia haber encontrado entre los indios representa una suerte de venganza contra su madrastra. Pero no es hacerle daño. Desde un sentirse víctima, Arguedas cree que ella se hubiera complacido con su sufrimiento. Por ello conviene que su felicidad sea clandestina, pues si hace aspavientos podría ser castigado. La madrastra es representada como una bruja. Una mujer amargada que goza con el sufrimiento ajeno. Pero aquellos que sienten odio sin reservas son los indios. Odio contra los gamonales que abusan de ellos sin real necesidad. ¿Cuál es la razón del maltrato? Arguedas no da una respuesta precisa. Dice que los mistis «casi inconscientemente, y como una especie de mandato Supremo, les hacían padecer». La expresión «casi inconscientemente» alude a una mezcla ambigua donde domina lo involuntario y lo habitual, pero donde también está presente lo deliberado. Habría pues un sadismo institucionalizado que los gamonales eligen reproducir, pues gozan maltratando a los indios. Y los indios se dejan maltratar pero odian, lo que significa que su imaginario tiene que estar saturado de fantasías de venganza contenidas, o reprimidas, por una definición de sí mismos como buenos por ser sacrificados e impotentes. La expresión «una especie de mandato Supremo» es también curiosa. ¿Un mandamiento perverso, «diabólico»? De hecho, creo que puede pensarse así, pues lo perverso se define como el gusto sistemático con los goces ilícitos que suponen convertir al otro en un medio y que significan transgredir la moral. El perverso se sitúa en una posición de abierto desafío a la ley. Y si la ley está inspirada en los mandatos cristianos del amor y la caridad, entonces el gamonal se define 265
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