La urgencia por decir nosotros

Y aunque esta situación, y el sufrimiento que conlleva, sea personal, sus raíces son sociales. En el mestizo se da, intensificado —duplicado—, el malestar que mina el mundo de los indios y el de los mistis. El reprimir el odio y asumir la ternura hace al indio impotente; lo inmoviliza en la victimización y la servidumbre. Y, por su parte, el misti se desalma al vencer su compasión y sacralizar la violencia como fundamento del vínculo social. Finalmente, el mestizo, al heredar estos problemáticos legados, queda escindido por una contradicción que no puede sintetizar. No puede asumir el camino de la ternura, pues esta carece de reconocimiento y prestigio social, de manera que lleva a la humildad y la sumisión; pero tampoco es una salida sobreidentificarse con la potencia y radicalizar la arrogancia, pues esta actitud lo conduce a una soberbia culposa, a un estado en el que no puede hacer vínculos significativos, condenándose a la soledad y la tristeza. Ahora bien, traducir la dolencia psíquica en una reflexión existencial significa tomar conciencia de la naturaleza social del desgarro padecido y, a partir de esta objetivación, apostar por un camino; es decir, construirse una narrativa personal reintegradora, que permita surcar el desgarro y la fragmentación. Y esta es justamente la decisión que está en la base del proyecto de vida que Arguedas formula para sí mismo. Se identifica con la ternura pero no con la impotencia del indio. Y, de otro lado, rechaza la arrogancia del misti pero se queda con sus valores de efectividad y potencia. Conjugar ternura con potencia, y reprimir el odio y la arrogancia: tal es la fórmula con la que Arguedas pretende desplegarse en su vida. Se trata de construirse como una subjetividad armonizada por la lucidez y arrojada a la acción por el coraje, que se define entonces como luchando por trascender la queja y el dolor. Un proceso de subjetivación —más exacto sería decir de autocreación— que se postula como ejemplar y heroico, como un modelo ideal para todos aquellos que han desarrollado afectos e identificaciones en ambos mundos y que se niegan al desgarro, que aspiran a un nuevo modo de vincularse con los otros y consigo mismos. Pero no todo es armonía y equilibrio, pues en la apuesta arguediana hay una dimensión apasionada, excesiva, de entrega total, de nunca darse por satisfecho, de exigirse siempre más. Este impulso hacia ir más allá tiene una dimensión mortífera. Paradójicamente, Arguedas se vuelve esclavo de un proyecto que pretende acabar con la esclavitud. Esta necesidad de un sentido trascendente, heroico y apasionado para su vida hace pensar que tal 253

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