La urgencia por decir nosotros

revaloración del propio indígena, que yace negado en las sombras del espíritu criollo. Para Arguedas el cumplimiento de esta misión implicaba, entonces, convertirse a sí mismo en paradigma de una identidad inédita, casi imposible; es decir, configurarse a contracorriente del manejo clásico de las identificaciones propuesto por el «mestizaje acriollado». Como sabemos, en este queda reprimida la identificación con el mundo indígena, con su ternura y su odio, y, en cambio, se asumen como propios, a la manera de una «sobreidentificación», tanto la admiración por lo blanco y extranjero como el desprecio por todo lo indígena. En cambio, en la propuesta de Arguedas sobre el mestizaje, se trata de asumir la identificación con lo indígena en términos de hacer propia la ternura pero tomando distancia del odio; en la idea de sublimar su energía y conducirla por vías más creativas. Y, de otro lado, respecto a la identificación con lo misti, la apuesta es tratar de no asumir el desprecio y la arrogancia, sino los valores que estas actitudes reprimen pero que están presentes en ese mundo, pues provienen de la tradición cristiana que lo fundamenta. Ahora bien, este proyecto de «gestionar» las identificaciones de una manera distinta, de luchar por una identidad diferente, funciona como una suerte de compromiso, como un marco orientador que da sentido y coherencia a su vida, que exige, otra vez, un combate incesante dentro de sí mismo, pues se trata de no abandonarse a sentimientos muy potentes. Y esta lucha interior se proyecta y se duplica en las interacciones cotidianas donde este nuevo sujeto, el «mestizo reintegrado», tiene que abjurar tanto del rencor como del desprecio. Entonces el mestizo reintegrado, aun en su incipiente precariedad, se define en función a un deseo de comunidad que implica un poner a dialogar en vez de ocultar, o tratar de aniquilar, los legados que lo constituyen. Intentar convertir la dolencia psíquica en un problema existencial parece ser una fórmula adecuada para captar la apuesta o decisión que encamina al mestizo a una reintegración de su mundo escindido. El mestizo se encuentra desgarrado, pues no puede reconciliar la ternura con la potencia. La ternura está asociada a lo indígena e inferior, a lo que se debe reprimir en aras de la potencia, que se vincula a lo blanco y superior. Esta dificultad para integrar el afecto y el poder apunta a una mutilación, a la imposibilidad de asumirse a sí mismo, a la incapacidad para dotarse de un centro o balance integrador; finalmente, a un estado de duelo permanente, a una inclinación melancólica que empuja hacia la autodestrucción. 252

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