que, en algún momento, el niño misti, el hijo del hacendado, perdía su natural empatía y compasión con sus prójimos, los indios, pues comprendía que los privilegios a los que se aferraban sus padres eran la otra cara de la pobreza y la humildad indígenas. Pero aun el alejamiento de este mundo, del cual fue sufrida víctima, está lejos de explicar la excepcional travesía de José María Arguedas, sus logros creativos y, también, la insatisfacción que paulatinamente lo fue minando. Para alcanzar tan encumbradas metas hacía falta una sensibilidad a flor de piel, una herida muy profunda; pero sobre todo un compromiso heroico con la justicia. Y, también, naturalmente, un especial talento artístico. Solo desde el contacto con su propia historia dolorosa, y desde su identificación con el héroe justiciero, se puede comprender su capacidad para dar cuenta veraz de la experiencia vivida, así como su determinación por explorar las posibilidades de cambio contenidas en el mundo de «amor y fuego» en el que le tocó vivir. Y, claro está, solo desde allí se puede entender también el desasosiego del cual nunca pudo liberarse, pues era como el soplo que avivaba el fuego creativo que en él ardía. Tenemos a un artista talentoso que desde muy joven se compromete con una aspiración que jamás abandonará; un proyecto que es una pasión que no lo deja descansar, pues siempre le exige una mayor entrega. Arguedas apuesta a ser el héroe que suture el desgarro colonial de la sociedad peruana. A construir puentes entre las islas del incomunicado archipiélago social peruano. Siente que su misión es hacer evidente el valor de la cultura indígena a la gente más sensible del mundo criollo57; así ellos cambiarán de actitud y serán un ejemplo para el conjunto del país. Este proyecto implica luchar por una transformación descolonizadora del sentido común. Supone que las creaciones culturales indígenas tienen una notable calidad intrínseca y que entre la gente occidentalizada hay personas que tienen una buena voluntad que podría ser movilizada por el encuentro con la potencia estética y la sabiduría tradicionales. En realidad, Arguedas fue muy exitoso en esta lucha por la hegemonía, por mostrar de otra manera al mundo andino. Su influencia, en un proceso lento, pero constante, se ha ido dejando sentir en todo el espectro social y político de la sociedad peruana. Después de Arguedas es imposible imaginar el Perú fuera de una revaloración de lo indígena. Su obra muestra pues la radical insuficiencia del nacionalismo criollo. II 250
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