La urgencia por decir nosotros

también secretario personal de Riva Agüero durante los años 1914-1915, período justamente de incubación del futurismo como proyecto político. La poca equidad en los juicios de Mariátegui sobre González Prada trasluce el mismo sentimiento anti aristocrático. En efecto, es curioso, pero Mariátegui no reconoce la enorme deuda que tiene con el autor de Horas de lucha y Pájinas libres. Para empezar, Mariátegui pretende reducir a González Prada al ámbito meramente literario. «El estudio de González Prada pertenece a la crónica y a la crítica de nuestra literatura antes que a las de nuestra política. González Prada fue más literato que político. El hecho de que la trascendencia política de su obra sea mayor que su trascendencia literaria no desmiente ni contraría el hecho anterior y primario, de que esa obra, en sí, más que política es literaria» (2007, p. 215). A continuación, y en el mismo sentido, Mariátegui afirma: Y ni en Pájinas libres ni en Horas de lucha encontramos una doctrina ni un programa propiamente dichos. En los discursos, en los ensayos que componen estos libros, González Prada no trata de definir la realidad peruana en un lenguaje de estadista o de sociólogo. No quiere sino sugerirla en un lenguaje de literato. No concreta su pensamiento en proposiciones ni en conceptos. Lo esboza en frases de gran vigor panfletario y retórico, pero de poco valor práctico y científico. «El Perú es una montaña coronada por un cementerio». «El Perú es un organismo enfermo: donde se aplica el dedo brota el pus». Las frases más recordadas de González Prada delatan al hombre de letras: no al hombre de Estado. Son las de un acusador, no las de un realizador (Mariátegui, 2007, p. 215). Mariátegui minimiza la contribución de González Prada al conocimiento del país. Pero, al mismo tiempo, sin acaso quererlo, reconoce la importancia de este aporte. En realidad, la actitud de Mariátegui es ambigua. De hecho, Horas de lucha representa un intento por producir una visión de conjunto del Perú. Es indudable que sus méritos sociológicos quedan opacados por la tendencia al sarcasmo, al panfleto y a la retórica. No obstante, pone en el centro de los problemas del país fenómenos que como la corrupción y el arribismo se le escapan a Mariátegui, en particular los ensayos «Nuestra aristocracia» y «Nuestros indios» calan hondo en la realidad del Perú. En todo caso, es el propio Mariátegui quien reconoce esos méritos, pues en el segundo de sus siete ensayos, el dedicado al problema del indio, una referencia básica es precisamente González Prada. Las conclusiones a las que llega Mariátegui ya las había adelantado 228

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