La urgencia por decir nosotros

He escuchado hace 4 días un discurso muy largo de un sabio joven y buen mozo, que hace mucho tiempo he oído nombrar con elogio a otro joven abogado, amigo mío, que enseña gramática en una escuela particular y que pertenece a un partido político, denominado futurista, sin duda alguna porque en su declaración de principios se puso añejas tendencias y conservadoras orientaciones. Este sabio joven y buen mozo es el Dr. don José de la Riva Agüero, de quien sé que tiene aristocrático abolengo que muy bien se compagina con la euforia soberbia de su nombre de caballero ilustre y noble hidalgo (Mariátegui, 1991, p. 269). Ya en este arranque, como en el título, es notable la ironía y el escarnio. En las páginas que siguen, Mariátegui, que afirma no haber leído la obra de Garcilaso, se dedica a demoler el estilo de Riva Agüero. Según Mariátegui, quien se declara defensor del idioma y de la claridad, no sabe escribir correctamente. Entonces, el artículo de Mariátegui se dedica a citar y comentar el discurso de Riva Agüero tratando de demostrar que está lleno de expresiones y giros incorrectos. Un ejemplo: donde Riva Agüero dice «Y como las esperanzas, para no ser baldías, han de nacer y sustentarse en los recuerdos… Saludemos y veneremos como feliz augurio la memoria del gran historiador». Mariátegui comenta: «No hay la precisión ni justeza clásicas recomendadas cuando se considera a la memoria como augurio, porque precisamente la memoria es el pasado y el augurio es un anuncio de lo venidero. La frase tiene pues además de todos los defectos de oscuridad, que tanto riñen con el estilo clásico, el de sugerir ideas opuestas que dificultan, enredan y desvirtúan el concepto» (1991, p. 274). Es evidente que Mariátegui está buscando «tres pies al gato». Trata de desacreditar a Riva Agüero sin razón suficiente, por el placer de hacerlo, porque le cae mal, tanto él como lo que representa. Casi al final de su comentario, Mariátegui hace una apreciación lapidaria del «Elogio»: «Podría hacerse la mejor síntesis en la siguiente fórmula matemática: “3 horas 46 páginas 51 citas 0 ideas: 1000 yerros”» (1991, p. 275). Esta situación se repite más tarde en los textos «clásicos» de Mariátegui. En el último de los 7 ensayos, donde enjuicia la literatura peruana, hace un balance de Riva Agüero y su influencia, el futurismo, en los siguientes términos: La generación «futurista» —como paradójicamente se le apoda— señala un momento de restauración colonialista y civilista en el pensamiento y la literatura del Perú. En sus rangos se mezclaban y se confundían «civilistas» y «demócratas», separados en la lucha partidista. Su advenimiento era saludado, en 226

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