La urgencia por decir nosotros

Creo que recién ahora44 podemos identificar la perspectiva desde la que Mariátegui escribió sus ensayos y propuso el «socialismo indoamericano» como respuesta al problema nacional peruano. Esta perspectiva se define a partir de la confluencia de cuatro tradiciones que se encuentran en su obra. Presentaremos estas tradiciones y luego nos detendremos en cada una de ellas. Antes de que adoptara el marxismo como matriz teórica que le permitió vincular lo disperso —cuando su «alma» estaba aún «vacía»— a la «búsqueda de Dios» o de un «absoluto»45, ya estaba presente en Mariátegui una antipatía profunda por la «aristocracia». En su primera juventud, que él llamaría su «edad de piedra», es visible el desagrado visceral que le produce la pleitesía que suscitan los grandes apellidos. Mariátegui, el mestizo pobre e incierto, cuyo éxito encarna el principio meritocrático, se rebela contra la preeminencia «natural» de la que gozan muchos descendientes de la aristocracia blanca colonial. A ellos atribuye los fracasos del Perú. Y aquí no está solo, pues este sentimiento tiene raíces hondas en la historia del país. Está presente en la tradición liberal encabezada por José Gálvez y Ricardo Palma y, ciertamente, en el radicalismo de González Prada. Se trata de una tradición que capitaliza el malestar de muchos contra aquellos que pretenden ser los únicos capaces de mandar en el país. Un malestar asociado por tanto a la plebe colonial, que por su misma dispersión es incapaz de una acción colectiva y que espera entonces las órdenes que solo pueden venir desde arriba. Se trata de una espera que está asociada a la resignación más que a la esperanza. Según Ricardo Palma, el sentimiento anti oligárquico se cristaliza en la conciencia pública a propósito del rechazo al llamado «baile de la victoria»: la fiesta con que el presidente Echenique celebró su triunfo electoral en 185346. Allí, en el lujo que significaban las joyas de oro exhibidas por las esposas de los favorecidos por el poder, se hizo evidente el surgimiento de un nuevo grupo social donde se coaligaban aristócratas, militares de fortuna y comerciantes extranjeros47. Con el tiempo y la consolidación de los regímenes oligárquicos, sobre todo después de la alianza entre civilistas y demócratas en 1895, muchos intelectuales se acomodaron a esta realidad, pero no Mariátegui, que se niega a rendir la pleitesía que esta colectividad acostumbraba recibir. Él se atreve a expresar lo que muchos piensan pero callan. Tendremos que preguntarnos, sin embargo, hasta qué punto Mariátegui era consciente de su visceral 219

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx