La urgencia por decir nosotros

X Desde una perspectiva de larga duración, el indigenismo surge del conflicto entre los valores cristianos que justificaron la invasión española y la realidad de la explotación y el abuso sobre las sociedades indígenas. Entre Dios y el oro, la mayoría de los vencedores escogió el oro, se puso de espaldas a las creencias que justificaban sus privilegios. Y aunque trataran de ocultar esta incoherencia de muchas maneras, el hecho es que este conflicto engendró un sentimiento de culpabilidad y una endémica falta de integridad en la sociedad misti. Se produjo así una subjetividad necesariamente conflictiva, atormentada. En este contexto surgen, periódicamente, «profetas» que ponen en evidencia la falsedad del fundamento social del mundo misti. Ellos reconvienen a sus miembros, anunciando castigos y llamando a un cambio pacífico antes de que sea «demasiado tarde». Pero el discurso indigenista es ambivalente y complejo. Su lugar de enunciación son los grupos donde más ha calado el mensaje evangélico, y la fe en el poder de la razón. Sus autores reivindican un poder que el conservadurismo social les niega, pero no podría entenderse este discurso como un instrumento maquiavélico para el logro de privilegios. En sus enunciaciones más sinceras está movido por la indignación, el deseo de coherencia y la admiración por el mundo de los vencidos. Es como si los indigenistas hubieran abierto sus oídos al clamor de piedad de los indígenas. Como si hubieran comenzado a desprenderse de los estereotipos racistas y a valorar los logros culturales que, de otro lado, al menos en parte, compartían. Lo peculiar de Tempestad en los Andes es que trasciende el horizonte piadoso y filantrópico del indigenismo tradicional para plantear que la resurrección andina transformará radicalmente al país, convirtiendo a los indígenas en los principales agentes de la construcción del futuro del Perú. Y aunque Valcárcel no se plantee los problemas de la relación del resurgimiento indígena con el mundo criollo ni, tampoco, el problema del mestizaje, es un hecho que su profecía se ha cumplido en apreciable medida. José Tamayo Herrera, historiador cusqueño y el mayor estudioso del indigenismo, se sitúa en la estela de Valcárcel cuando escribe: El indigenismo es precisamente para nosotros un movimiento que busca expresar la auténtica identidad nacional, la andina, y que representa el anhelo larvario, 211

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