La urgencia por decir nosotros

diplomacia versátil; ningún vencedor osó acercarse al Cusco, y su masculinidad se dejo sentir en la enhiesta actitud bélica que le hizo —todo tiempo— temible. […] Lima se regocija cuando el huésped hiperboliza su feminidad […]. Al Cusco le es grato el reconocimiento de su virilidad y altivez. Lima tiene nostalgia de sus virreyes donjuanescos, y el Cusco de sus austeros reyes, los Hijos del Sol (Valcárcel, 1975, p. 115). No pretendemos analizar, deconstruir, los estereotipos que Valcárcel compone a partir de lugares comunes que hilvana con elegancia y energía. Pero es claro que en la contraposición entre una Lima blanca y española, sensual y afeminada, acomodaticia y nostálgica, y de otro lado un Cusco viril y adusto, altivo e invicto, Lima sale perdiendo. Una ciudad así no podría ser la cabeza de un país pujante. En todo caso, la tipificación de Valcárcel recoge, e intensifica, el sentido común de los mistis ilustrados que reivindican un reconocimiento y un poder que Lima les mezquina. Y lo reivindican no mediante adulaciones cortesanas. Su estrategia consiste en naturalizar las identidades urbanas. Y en el polo de la virilidad y la acción está, desde luego, el Cusco. Y en el polo opuesto de la feminidad y la molicie está Lima. Se trata también, desde luego, de fundar un orgullo regional. El Cusco y Lima son, por la naturaleza de las cosas, dos focos opuestos de la nacionalidad. El Cusco representa la cultura madre, la heredera de los inkas milenarios, Lima es el anhelo de adaptación a la cultura europea. […] Salvar al Perú, dignificando al indio. […] la intelectualidad de las sierras ha emprendido la gran cruzada indianizante. […] La única élite posible, capaz de dirigir el movimiento andinista, será integrada por elementos racial o espiritualmente afines al indio, identificados con él, pero con preparación amplísima, de vastos horizontes, y ánimo sereno y sonrisa estoica para afrontar todos los reveses, sin perder la ruta en el laberinto de las ideologías (Valcárcel, 1975, pp. 110-111). El Cusco, para Valcárcel, debe hegemonizar el resurgimiento andino. Las diferencias regionales en la sierra pierden importancia en la lucha contra el centralismo limeño. Además el Cusco, como capital del Tawantinsuyo, ha sido el foco civilizador del espacio peruano. 210

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx