La urgencia por decir nosotros

Rocafuerte, pasará a los indios en mi esposa doña Antonia, y con mi apellido todos mis bienes […]. Antuca lo había escuchado todo. Cuando el caballero llegó a la estancia nupcial, la Raza dignificada lloró con lágrimas de gozo el avatar (Valcárcel, 1975, p. 77). Lo decisivo no es tanto la atracción, o el amor, del viejo sátrapa por la tierna pastora. Lo importante es la milagrosa iluminación que, de Dios, recibe don Rodrigo. Entonces, de un momento a otro, revalora toda la realidad que lo rodea y, como consecuencia, se piensa a sí mismo de una manera radicalmente diferente. No, él no era un ser superior, sino solo un cobarde que durante cuarenta años tomó ventaja de la mansedumbre de los indios para maltratarlos de una manera totalmente opuesta a los mandamientos de la fe cristiana. Más específicamente, su «cobardía» fue la de aceptar el sentido común de su entorno aun cuando estuviera claramente reñido con los ideales cristianos de amor, respeto y solidaridad. No fue capaz de rebelarse contra su medio pero ahora, gracias a la «iluminación», se da cuenta de la verdad que nadie quiere reconocer. Y, entonces, no le queda más que ser consecuente. Su confundirse con los indios anuncia la abolición de la servidumbre. Ahora bien, si «la Raza dignificada lloró con lágrimas de gozo el avatar» es porque los indios veían cumplido un deseo con el cual ni siquiera se atrevían a soñar. Con esta alianza se abre un camino que no pasa por el estallido, la actuación de la rabia, pero que igual conduce, pacíficamente, a una fusión entre blancos e indios, conquistadores y conquistados, pues significa la desaparición de las jerarquías raciales41. En esta suerte de melodrama, donde el amor logra disolver los antagonismos, se expresa el deseo de los mistis ilustrados, interpelados por los valores cristianos. Los señores pueden cambiar si tienen el valor para tomar distancia de la cultura en la cual han nacido. VII Los contornos del dilema del Perú están pues claramente fijados. El cambio es inevitable. La nivelación social es imparable. Pero hay diversas posibilidades. La más cercana al deseo de Valcárcel es una «iluminación», un cambio de la idiosincrasia de los señores. Un «avatar» impulsado por el amor o, quizá, más probablemente, por el miedo, por el cálculo sobre lo insostenible de la opresión sobre el indio. 207

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