existencia de un poder mágico que sobre la naturaleza tienen los indios. Entonces, aunque no se quejen por las humillaciones que sufren, algo están tramando: el desalmado gamonal será despeñado por el cóndor cuando transite por el camino sobre el precipicio. Los acontecimientos son narrados por un «bachiller» criollo, un señorito que condena el maltrato pero que no se resuelve a una actitud de solidaridad efectiva con los indios. En todo caso, atribuir a los indios un dominio sobre la naturaleza implica una actitud de respeto, cuando no de temor, hacia su mundo, visto ya no bajo el prisma del desprecio sino del reconocimiento del poder, extraño y grandioso, que mantienen. En este cuento se realiza —aún en el nivel de la fantasía— el programa del Partido Nacional Democrático o «futurista»; es decir, la élite criolla toma distancia del gamonalismo andino, pues ya no reprime las sublevaciones indígenas. V En realidad, Valcárcel reproduce mucho del sentido común misti-criollo sobre el mundo indígena, pero en ocasiones lo trasciende; imagina entonces situaciones y escenarios que representan el inicio de la liberación indígena. En «La incineración sacrílega», los indios de un poblado, conducidos por el sacristán, entran en la iglesia para descolgar al […] santo patrono que fue puesto sobre sus ricas andas de plata. Era el caballero Santiago, celeste jinete en su blanco rocín. Salió a la plaza como en los días solemnes del Corpus, como para la fiesta tutelar del pueblo […]. La procesión recorrió el contorno de la plaza, más encendida aún por esa fogata de San Juan en pleno diciembre. Todos se han detenido en el atrio del pequeño templo. Es la hora. Rompe el vocerío como una tempestad. ¡Supay! ¡Supay! gritan hombres y mujeres, acercándose con los puños crispados a las andas de Santiago. El caballero parece sonreír despectivamente. Santiago es el conquistador, el rico encomendero, el amo de la gleba indígena. El latifundista. Los indios kollas le rodean, le cercan ya, amenazadores, le injurian en aymara con los epítetos más ofensivos. Le descabalgan […] Santiago, desnudo, presenta una lamentable figura: el escultor solo se cuidó del bello rostro español. Cuatro fornidos «carguires» […] lo arrojan al fuego. […] Amanece […] Los indios kollas en coro magnífico, entonan el Intiwata. 204
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