de todos nuestros secretos de hombres modernos. Breve tiempo de aprendizaje bastará para que domine los más complejos mecanismos […]. Bajo la máscara de indiferente, ¿hallaremos algún día su verdadero rostro? Su burlona sonrisa será lo primero que descubramos. En lo insondable de esta conciencia andina, bulle el secreto de piedra (Valcárcel, 1975, pp. 37-38). En «El tesoro de los incas», Valcárcel da por sentada la existencia de vastas cantidades de oro, «la estupenda riqueza metálica de los emperadores del Cusco», cuya locación es un secreto que se transmite, entre los indios, de generación en generación, sin que a ninguno de ellos se le ocurra revelarlo. «Llegará el día en que el tesoro hundido en el arca de piedra de las entrañas del Cusco surja a la superficie. Entonces, no habrá sobre la tierra pueblo más feliz. Ese día ocurrirá cuando «haya salido de los Andes el último blanco» (1975, p. 44). Pero estas representaciones sobre el disimulo y la riqueza de los indios, aun cuando pueden parecer totalmente intempestivas, tienen como trasfondo viejas fantasías colectivas que son reelaboradas por Valcárcel en un sentido distinto, y hasta opuesto, a su significado original. La idea de que los indígenas, vueltos indios por el vasallaje, ocultan secretos es, en realidad, muy antigua. Y corresponde parcialmente a la estrategia del dominado de preservar una autonomía, una distancia respecto a sus amos. Sin embargo, en lo central, esta fantasía surge en los años de la invasión española, cuando los conquistadores imaginan que los indios tienen muchos más tesoros de los que ya han entregado, pero que los esconden celosamente. Son entonces frecuentes las torturas de curacas para que revelen esas riquezas, y queda la idea de que ellos no han dado todo, de que siguen atesorando ingentes cantidades de oro40. A esta creencia, Valcárcel añade la idea de que los indígenas son mucho más capaces de lo que parecen. Pero ocultan sus habilidades, no comparten sus secretos, aunque aprenden rápidamente la tecnología occidental. Entonces es como si estuvieran tramando algo. En definitiva, están complotando la expulsión de los blancos. Y aunque ese momento no haya llegado, es seguro que no faltará mucho tiempo para que esa estrategia de ocultamiento y aprendizaje rinda sus frutos: la expulsión de los blancos. Aquí está contenida la sustancia del mito de Inkarrí. Esta percepción sobre los indígenas, como gente que esconde un poder y que algo trama, está presente también en la literatura criolla, por ejemplo en los Cuentos peruanos de Ventura García Calderón, publicados en 1952. Especialmente en «La venganza del cóndor», cuento en el que se fabula la 203
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