indios. Pero, en segundo lugar, aunque lo oculte, este mismo discurso basa la bondad del Dios nuevo en su fuerza, en la capacidad de sus protegidos para vencer a los ejércitos nativos y en el terror que sus amenazas despiertan. Entonces el fundamento de la supuesta bondad resulta ser, en realidad, la fuerza, la capacidad de imponerse por la violencia. Y, por tanto, se dice a los indios que mal harían en buscar protección en huacas débiles: «¿Cómo no se defiende? Pues, quien así no se defiende ni ayuda, ¿cómo os ayudará a vosotros?». Entonces se infiere que el Dios cristiano es bueno porque es fuerte e, inversamente, que las huacas son malas, son demonios, porque son débiles. Pero esta verdad debe permanecer oculta. Es decir, al Dios cristiano se le debe adorar no porque es fuerte sino porque es bueno y verdadero. Y se debe rechazar a las huacas porque son malas y engañosas. Entonces no puede quedar claro si el motivo de la aceptación/rechazo es la bondad de la divinidad, o más bien su capacidad de imponerse por medio de las armas y la violencia. Durante milenios los pueblos se han hecho la guerra. Y el triunfador ve en su victoria una señal de la potencia de sus dioses. Ha ganado porque sus divinidades son más fuertes. Esta es una historia conocida, pero lo original en el caso específico del Perú, y de América Hispana, es que el proceso colonizador no se desenvuelve de acuerdo con los principios que lo justifican. El Dios cristiano es postulado como bondad y justicia, pero esas virtudes se perciben muy poco en la acción de sus seguidores. Entonces, la situación es confusa y traumática. Esta es la posición de Felipe Guamán Poma de Ayala, que en su Primer nueva corónica y buen gobierno no logra entender la distancia entre la justicia del Evangelio y los comportamientos cotidianos de los españoles (1980). Paradójicamente, su crítica al orden colonial tiene una inspiración cristiana. Su obra es una carta al rey donde lo convoca para que ponga remedio a tanto desgobierno. El rey no puede saber de los abusos que se cometen en su nombre; si lo supiera, no lo permitiría. De ahí la urgencia de informarle. Guamán Poma aspira a una cristianización del vínculo colonial. En realidad, el cristianismo termina dando la razón a los pueblos vencidos, los provee de las armas ideológicas para que resistan y combatan la dominación que les es impuesta. Más tarde, después del furor de las campañas de extirpación de idolatrías, hacia 1660, la Iglesia cambia radicalmente de estrategia (Marzal, 2002). Ya no se sostiene que las huacas sean demonios malignos, ahora los cultos indígenas son percibidos como supersticiones que podrían 186
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