La urgencia por decir nosotros

corazones malos pensamientos, os dicen «adorad al sol, a la luna, a las piedras, a los ídolos». Y, por esto, habéis enojado en vuestros pecados mucho a Dios nuestro Señor (Domingo de Santo Tomás, 2003, p. 28). En este discurso el indio es constituido como un sujeto culpable, engañado, malo; que tiene complicidad con el demonio. Su única perspectiva de redención es aceptar al verdadero Dios y sus emisarios. En el «Tercero catecismo y exposición de la doctrina cristiana por sermones», escrito en la inspiración del Concilio de 1583, en el sermón XVIII, se escucha o se lee: ¿Has visto al perro que tirándole una piedra, deja de morder a quien se la tira y muerde la piedra? Pues, así haces tú cuando adoras al sol que no sabe lo que haces, ¿piensas tú que, porque es tan grande y tan resplandeciente el sol, que por eso es Dios? Es cosa de risa; tú, indio miserable, eres mejor y de más estima que el sol porque tienes alma y sientes y hablas y conoces a Dios.[…] ¿Quién os persuade a que adoréis las huacas? El diablo los quiere tener cautivos. ¿Quién habla algunas veces en las huacas a los viejos? El diablo, enemigo vuestro. ¿Vosotros no veis cómo huyen los cristianos y cómo, a su pesar, le echan de todo el mundo y, cómo Jesucristo vence y reina en toda la tierra? Por ventura, ¿las huacas defendieron a vuestros pasados de los Huiracochas? ¿Cómo no responde? ¿Cómo no habla? ¿Cómo no se defiende? Pues, quien así no se defiende ni ayuda, ¿cómo os ayudará a vosotros? (Domingo de Santo Tomás, 2003, pp. 73-74). Este documento es de mucho interés, ya que la verdad de la fe cristiana se acredita por la victoria de las armas españolas contra la resistencia de los indígenas: «Por ventura, ¿las huacas defendieron a vuestros pasados de los Huiracochas? ¿Cómo no responde? ¿Cómo no habla? ¿Cómo no se defiende? Pues, quien así no se defiende ni ayuda, ¿cómo os ayudará a vosotros?» Estas palabras son las que resuenan en el discurso de Cristóbal Choquecasha y en el autor del manuscrito. Ellos las repiten encarando a sus huacas con la realidad de su derrota, pero tampoco es que desaparezcan o sean olvidadas. En realidad, este discurso puede pensarse como fragmentador de la subjetividad, pues instituye una situación que resulta imposible de sintetizar. En efecto, primero se pide a los indios que interioricen la polaridad Dios bueno-demonios (huacas) malos. Esta polaridad debería llevar al apego a Dios por su bondad y, en consecuencia, al rechazo de las huacas-demonios por su malignidad, pues quieren perder, condenar a los 185

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