La urgencia por decir nosotros

dé al sueño un significado preciso, a través de su transcripción está poniendo en evidencia el desgarramiento del pueblo que pretende ser colonizado. Su habitar en varios mundos. El creer y no creer, las dudas que minan su confianza. Finalmente, la «solución» es permanecer en la duda. A la larga, ese permanecer en la duda se convertiría en la coexistencia de ambos sistemas de creencias. Como cuando, según testimonia José María Arguedas, los campesinos del siglo XX hacían sus pagos a la tierra diciendo que ese culto era «separado» respecto a los rituales oficiales de la Iglesia. En el siglo XX no hay ya angustia, ni desgarramiento. Las dos creencias, y sus rituales respectivos, son igualmente válidos. Unos, los oficiales, eran más públicos y los otros más ocultos y privados, pero tampoco es que fueran practicados con vergüenza. VI Volvamos al inicio. ¿Qué nos dicen Cristóbal y el autor de los manuscritos sobre la manera en que pueden relacionarse distintas tradiciones culturales? De un lado es evidente que hay mezcla. Dios, la Virgen María, Jesús, son incorporados al panteón de divinidades andinas. Pero esa mezcla no implica la desaparición de lo nativo. Para que esta desaparición fuera efectiva, los hombres y mujeres andinos hubieran tenido que interiorizar en profundidad el dogma sobre el cual la evangelización pretendía construir al indígena como cristiano nuevo; es decir, la polaridad de Dios bueno-demonios malos. Polaridad que implicaba que los indígenas rechazaran a sus divinidades como criaturas diabólicas y perversas que los llevaban a la perdición. En realidad, los evangelizadores no pedían a los indígenas que dejaran de creer en sus huacas sino que revaloraran su significado. No eran deidades protectoras sino espíritus malignos que les causaban grandes perjuicios. Este es el mensaje central de la «Plática para todos los indios» de Fray Domingo de Santo Tomás (2003), documento fundamental de la evangelización temprana, pues es la presentación más potente de las ideas cristianas al mundo indígena. No obstante, en esta «Plática», pese a su aparente ortodoxia, hay una inflexión característica que desvirtúa el mensaje cristiano, justificando la dominación colonial. Habéis de saber que aquellos demonios que os dije tentaron a nuestros primeros padres y dieron ocasión, tentándolos, para que pecasen y así pecaron. Y estos demonios son los que a nosotros cada día nos aconsejan el pecar, engañándonos y persuadiéndonos lo malo y a vosotros (aunque no lo veis) os ponen en vuestros 184

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