está a la defensiva. Se molesta cuando lo llaman. Y aunque no puede dejar de atender la convocatoria, tiene miedo. No quiere dejarse seducir por la huaca. Hacia el final del relato se produce la confrontación entre Cristóbal y ella: «Oh Llocllayhuancupa», le dijo, «a ti te dicen que transmites la fuerza vital a los hombres y que haces temblar la tierra. ¿Todos los hombres te veneran mucho porque creen que eres tú quien hace todo? ¿Por qué me hiciste llamar aquí ahora? Yo me pregunto: ¿No será Jesucristo, hijo de Dios, el verdadero Dios? ¿No debería yo acaso siempre respetar su palabra? ¿Es que me equivoco? Dime tú ahora: Él no es Dios; soy yo quien hace todo. Así podré entonces venerarte». Pero el demonio se calló. Ya no habló más. Entonces, Don Cristóbal gritó muy fuerte y le amonestó: «Mira, ¿no eres tú el demonio? ¿Serías tú capaz de vencer a mi señor Jesucristo en quien yo creo? Mira, aquí en esta casa estás rodeado por demonios. ¿Es en ti en quien yo debería creer?» Entonces, arrojaron lo que llamamos un llaullaya. Don Cristóbal no sabía si era el demonio o si era de parte de Dios que había sido arrojado. Sin otra protección que el llaullaya, retrocedió desde esa casa hasta la otra esquina donde está la casa del conde [alguien originario del Kuntisuyu] y así consiguió huir. Fue entonces cuando despertó (Taylor, 2008, p. 98). Cristóbal reta a la huaca a que diga: «Soy yo quien hace todo». Si la huaca repitiera esta frase, Cristóbal le creería. Pero «el demonio se calló». Entonces, Cristóbal lo reta e insiste: «¿Es en ti en quien yo debería creer?» La pregunta se queda sin una respuesta definitiva. Cristóbal huye y se despierta. No obstante, el autor del manuscrito define esta situación como una victoria y cuenta que desde entonces los sueños de Cristóbal se repiten una y otra vez. En la noche, regresan las huacas. En el mundo del inconsciente, la oposición Dios bueno-demonios malignos no está pues firmemente establecida. Entonces, pese a que se postule a Cristóbal como un ejemplo de conversión, como un «cristiano nuevo» que ha logrado triunfar sobre lo impulsivo y demoniaco, en realidad, se debe tener en cuenta que las cosas son más complicadas. En su inconsciente, el Dios cristiano es una huaca más, una entre muchas divinidades; ciertamente muy poderosa, pero no tanto como para destruir a las demás que siguen existiendo en el campo oculto pero decisivo de lo sabido aunque no pensado. Desde el punto de vista del autor de los manuscritos, que pretende asumir una posición cristiana «ortodoxa», el introducir el sueño de Cristóbal revela una actitud subversiva contra las creencias oficiales. Y aunque no 183
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