La urgencia por decir nosotros

Vayamos ahora a la segunda confrontación, aquella que tiene lugar en el mundo de los sueños. Este relato es objeto del capítulo 22, que lleva el siguiente encabezamiento: «Aunque no deberíamos dar valor a un sueño, aquí vamos a contar cómo ese demonio malo aterrorizó a don Cristóbal y cómo éste lo venció». Otra vez se hace visible una tensión: aunque no se debiera contar un sueño, igual se hace. Aquí se enfrentan dos concepciones de lo onírico. Una que lo devalúa, y le resta toda importancia39, y otra que lo considera como espacio de revelaciones y epifanías. Pareciera que el autor se encontrara a caballo entre estas definiciones, por lo que refiere el sueño pero advirtiendo que no se le debería dar valor. El sueño de Cristóbal es muy complicado. Empecemos notando las diferencias respecto al relato diurno. La más significativa es que aquí la narración no tiene un desenlace evidente. No hay un triunfo definitivo sobre Llocllayhuancupa, hecho que se ve corroborado por la afirmación del autor en el sentido de que a Cristóbal le recurre el mismo sueño. En todo caso, es como si a partir de la derrota de Llocllayhuancupa en el mundo diurno, este contraatacara en el mundo más libre de los sueños. Y lo hiciera una y otra vez. La ausencia de un desenlace definitivo nos hace ver que en el inconsciente de don Cristóbal están tan presentes Jesús y María como Llocllayhuancupa. Cristóbal se resiste a interiorizar en profundidad la oposición Dios bueno-demonios malos, que era el fundamento de la evangelización cristiana. Eso significa que no termina de rechazar a sus huacas, que sigue conviviendo con ellas. Otra diferencia muy importante respecto al relato diurno es que aquí, en la penumbra de lo onírico, Llocllayhuancupa tiene mucha más presencia. Para empezar habla, y aunque sean solo interjecciones elementales, a través de ellas está significando su complacencia al verse adecuadamente atendido. Una tercera diferencia va en la misma dirección: Llocllayhuancupa está rodeado de toda una corte de servidores que le increpan a Cristóbal su poca fidelidad hacia su padre. Incluso aparece una figura materna, una mujer anciana que le dice «hijo» y le pregunta: «¿Por qué no veneras a Llocllayhuancupa, el hijo del que hace temblar la tierra? Es para saber eso que te ha mandado llamar ahora» (Taylor, 2008, p. 97). En el mismo sentido aparece también el sacerdote de Llocllayhuancupa, Astohuamán, quien le da a la huaca las ofrendas usuales. Entonces, es claro que el poder de Llocllayhuancupa es muchísimo mayor en el mundo onírico. No obstante, es igualmente claro que Cristóbal 182

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