La urgencia por decir nosotros

enseguida la hizo levantarse. Había dos niños que dormían allí. Como el demonio silbaba muy fuerte, los niños decían: «Se parece a nuestro padre» y tenían mucho miedo. Se dice que tanto estos niños como la muchacha eran hijos del sacerdote de ese demonio. Cuando, al anochecer, un hombre entra por la puerta de una casa, se oscurece aun más el interior; de la misma manera, esa noche Llocllayhuancupa parecía una sombra que continuamente salía y entraba. Hacía zumbar los oídos y parecía que, en su deseo de vencer a don Cristóbal, iba a destruir también la casa. Así, don Cristóbal adoró a Dios, nuestro señor, gritando muy fuerte todas las oraciones que sabía, y repitió repetidas veces la doctrina desde el comienzo hasta el fin. Como creía que no iba a salvarse de ninguna manera, puesto que ya había pasado la media noche y el demonio continuaba persiguiéndolo sin darle tregua, clamó a nuestra madre Santa María, diciéndole: «Ah madre, tú eres mi única madre. ¿Acaso este demonio malo me vencerá? Tú que eres mi madre, ayúdame, como una hermana, aunque soy un gran pecador, pues yo también serví a este mismo demonio. Ahora sí que sé que es un demonio. Éste no es dios, éste no podría hacer nada bueno. Tú, que eres mi única reina, sálvame de este peligro; intercede con tu hijo, mi Jesús, para que me salve de las manos de este demonio malo». Así la llamó, llorando y sudando, a nuestra madre la Virgen y nuestra única reina. Cuando acabó, rezó en latín el Salve regina mater misericordiae. Cuando ya había llegado a la mitad del rezo, ese demonio nefasto y malo hizo temblar la casa, dio un graznido estridente y salió bajo la forma de una lechuza. En ese mismo momento fue como si amaneciese. Ya no había nada que provocara espanto, saliendo y entrando continuamente bajo una forma semejante a la de un ser humano. Desde entonces, adoró con renovado celo a Dios y a la Virgen Santa María también, pidiéndoles que viniesen siempre en su auxilio. Y, al día siguiente, dijo a todos los hombres: «Hermanos, padres, ese malvado Llocllayhuancupa, a quien hemos venerado tanto, no es más que un demonio en forma de lechuza. La noche pasada con la ayuda de nuestra-madre, la Virgen Santa María, conseguí vencerlo. A partir de hoy, ¡que nadie de ustedes entre en esa casa! Si viera a alguien entrar o acercarse, se lo diría al padre. Reciban con todo su corazón las buenas noticias que les he contado». Fue así como habló a toda la gente (Taylor, 2008, p. 95). Ahora bien, debe tenerse en cuenta que si bien el informante es Cristóbal, pues es él quien narra el episodio, la persona que transcribe y organiza los hechos es el autor-compilador de los manuscritos. No se trata de una transcripción literal. Todo indica que el autor pretende, en este momento, construir una historia ejemplar sobre la base del testimonio de Cristóbal Choquecasha. Y el drama central de esta historia es la hazaña de haber triunfado en su enfrentamiento con el demonio Llocllayhuancupa. 177

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