con ahínco contra las «idolatrías» pues, invariablemente, estaban inspiradas por el demonio. El éxito de esta evangelización es muy relativo, pues la forma de pensar que auspicia no logra desplazar, como se pretendía, las concepciones tradicionales. Y uno de los hechos extraordinarios del manuscrito es que nos hace partícipes del momento, y las circunstancias, cuando este dualismo se pretende imponer, así como de las maneras en que es resistido. En realidad, este dualismo pretendía que los hombres y mujeres indígenas renunciaran radicalmente a su visión del mundo, que hicieran tabla rasa de todas sus creencias para, desde este vacío total, aprender, sin «contaminación», los fundamentos de la fe cristiana. Esta historia tiene dos partes; o más precisamente dos versiones. La primera narra el enfrentamiento que permite a Cristóbal Choquecasha darse cuenta de la naturaleza demoniaca de Llocllayhuancupa. La segunda relata el mismo enfrentamiento, pero en el mundo onírico de Cristóbal. Y esta vez el resultado dista de ser definitivo. Estos hechos, nos dice el autor-compilador del manuscrito de Huarochirí, fueron narrados, bajo juramento, por el propio Cristóbal Choquecasha. Empezaremos concentrándonos en el primer enfrentamiento, el que se da en «la realidad». IV En este enfrentamiento, Cristóbal […] según lo que contó, una noche fue a la casa de este Llocllayhuancupa donde moraba su enamorada; ya había abandonado el culto a este huaca y ni se acordaba de él. Así, cuando llegó a la casa de la joven, como tenía ganas de orinar, entró en la casita en ruinas que había sido el santuario del huaca. Entonces, desde el interior, de ese sitio, donde ahora han puesto una cruz, el demonio hizo aparecer ante sus ojos una luz deslumbrante semejante al reflejo de un plato de plata que, al ser tocado por los rayos del sol, ciega los ojos humanos. Viéndola, don Cristóbal casi cae al suelo. Entonces, rezó el Padre Nuestro y el Ave María y huyó hacia el pequeño aposento donde vivía la mujer. Nuevamente, Llocllayhuancupa hizo brillar esta luz deslumbrante tres veces mientras don Cristóbal estaba a medio camino entre la casa en ruinas y la casa de la joven. Al llegar don Cristóbal al aposento de la mujer, de nuevo Llocllayhuancupa hizo brillar la misma luz tres veces y también cuando don Cristóbal estuvo en el interior la hizo brillar de nuevo tres veces delante de la casa. En total, hizo brillar esta luz nueve veces. Muy grande fue su miedo al ver a este demonio hacer brillar tantas veces esa luz deslumbrante. Llegó al sitio donde dormía la mujer y 176
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