metáforas usadas para pensar la coexistencia: del negro con el blanco no surgiría el gris sino ocurriría lo que pasa cuando se agrega agua al aceite. Los dos líquidos permanecen separados. Más allá de metáforas que inspiran pero simplifican, la heterogeneidad puede ser pensada como una tensión irresuelta. Un viejo sentido queda relativizado pero sin ser reemplazado por otro nuevo. Entonces la imagen de aquello que ya no es plenamente sigue evocando esa realidad como pudiendo volver a ser35. Por tanto hay una tercera forma de razonar la coexistencia de tradiciones culturales en la línea de lo señalado por Agamben y Benjamin. Lo que puede llamarse lo «moteado», lo «abigarrado». Esta propuesta ha sido avanzada por autores como Silvia Rivera Cusicanqui36. La idea es que la mezcla puede coexistir con la separación. Entonces, en vez de gris tenemos el blanco con manchas negras o, si que quiere, el negro con manchas blancas. Un ejemplo de esta situación es el lenguaje nativo en el que proliferan palabras españolas. O el español donde son evidentes las marcas de la sintaxis y la fonética quechua. A esta forma de hablar se le llama, desde una actitud despectiva, «moteada». Suele ser repudiada porque se valora como un habla impura, contaminada por la supuesta inferioridad de la lengua nativa. Otro ejemplo son los ritos ancestrales en los que se introducen los santos cristianos. O, en otro campo, las vacas cuya piel es blanca y negra, manchada. En el idioma quechua existe una palabra: moro o muru, que alude a la coexistencia de colores que no están mezclados. Entonces a una vaca o un perro que tiene dos colores se le califica de muru37. En síntesis, la coexistencia de las diversas tradiciones culturales no supone, necesariamente, una dialectización homogeneizadora, un sincretismo que implique abolir la diferencia. Tampoco es que esta posibilidad esté, en principio, excluida. Lo mismo podría decirse de la heterogeneidad, por lo general asociada a la resistencia de los vencidos, de aquellos que se oponen a la asimilación a la cultura dominante. Y, finalmente, ocurre también con lo «moteado». Es decir, no tenemos por qué suponer su necesidad, pero tampoco su imposibilidad. Es más, estas distintas formas de coexistencia pueden funcionar a la vez. Sin embargo, si vemos el asunto dinámicamente, se podría hablar de predominancias. El mestizaje y el sincretismo tienden a menoscabar la heterogeneidad, de la misma manera en que la preservación de lo diferente dificulta la fusión simplificadora. 171
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx