La urgencia por decir nosotros

mezcla del blanco y el negro da el gris o la del indio con español da el mestizo, de manera similar, las tradiciones (creencias y ritos) se combinan produciendo una suerte de síntesis que entrama los elementos originales en algo inédito, que supone la fusión de lo antes separado. Esta tesis subvirtió el sentido común reinante en Europa del norte, según el cual la pureza era lo ideal y la mezcla una contaminación, un desorden. Una degeneración, pues el producto de la mezcla es valorado como peor que cualquiera de los elementos que la conforman. La revaloración de lo mestizo tiene un momento fundacional en la obra del mejicano José Vasconcelos. Especialmente en sus planteamientos sobre el mestizaje. En 1925, en La raza cósmica, Vasconcelos escribe: «La tesis central del presente libro es que las distintas razas del mundo tienden a mezclarse cada vez más, hasta formar un nuevo tipo humano, compuesto con la selección de cada uno de los pueblos existentes» (1948). El resultado de la mezcla es superior a los elementos que están en su origen. Pero la formación de este nuevo tipo humano sería necesariamente lenta. Vasconcelos piensa que el mestizaje tiene resultados positivos más rápidos cuando las razas que entran en contacto son más afines entre sí. Cuando son muy diferentes los resultados demoran, pero son aún mejores34. La obra de Vasconcelos es un hito en la lucha contra el racismo francés (Gobineau, Le Bon, Tarde) y el colonialismo sajón, con el consiguiente rebajamiento en la (auto)estima que estas posturas implicaban en las poblaciones latinoamericanas. En todo caso, a esta idea de una necesaria integración mediante el mestizaje se opone la de heterogeneidad formulada, en el Perú, por Cornejo Polar (1994). No desde México, sino desde el Perú. Según esta tesis la coexistencia de lo diverso no llevaría a la fusión sino a una preservación de las diferencias. No hay, por tanto, una realidad armónica, integrada. Lo que hay es una suerte de diglosia, que lleva a que en ciertos contextos algunos ritos y creencias sean válidos; mientras que en otros lo válido son otros ritos y creencias. Esta separación, o heterogeneidad estructural, no anula, desde luego, la posibilidad de mezclas e hibridaciones, pero sí supone la existencia de mundos distintos. Ahora bien, ¿implica la heterogeneidad sociocultural una fragmentación correlativa de los mundos subjetivos? La respuesta está abierta, pero todo parece indicar que los sujetos sociales a los que se trató de colonizar en el Perú se las arreglaron para dar a cada tradición un lugar específico. Entonces, no tendría por qué haber ni homogenización mestiza ni, tampoco, fragmentación desorientadora. Para continuar con las 170

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