La urgencia por decir nosotros

«retroceso», tiene que ver más con hechos imprevistos que con una reflexión sobre los principios de su actuar en política. Esta hipótesis se ve confirmada por el propio Riva Agüero: por la debilidad de las razones que da para explicar el abandono de su liberalismo juvenil. En efecto, poco después, en 1932, aduce que el factor que lo llevó a abjurar de su liberalismo anticlerical fue el regreso al catolicismo, entendido como la única valla eficaz contra el materialismo marxista y su amenaza contra la libertad. La debilidad de esta explicación queda al descubierto cuando se constata que otros intelectuales, como Víctor Andrés Belaunde y muchos más, no derivaron a posiciones reaccionarias sino que se afiliaron a un catolicismo más reflexivo, que anticipó a la Democracia Cristiana. En realidad Riva Agüero fue la excepción. No en vano se fue aislando del movimiento intelectual en el país31. Ya en el terreno de la especulación razonable es difícil no asociar este abandono de los ideales juveniles con la tristeza y la melancolía que trasuntan las fotos y retratos de su adultez. Pero volvamos al texto «Impresiones finales» de 1931. ¿Por qué Riva Agüero lo desecha? Creo que la razón es que dicho escrito está más cerca de los capítulos originales que de la posición política e ideológica de su autor en la fecha de su escritura. Hay desde luego cambios, pero las continuidades son lo más decisivo. El cambio más importante es la desaparición del voluntarismo implícito en la parte inicial. El llamado a la acción política en nombre de un ideal, y de un sentimiento patrio, es reemplazado por una suerte de espera confiada en los mecanismos de evolución social. La propia espontaneidad de los procesos históricos terminaría por culminar la tarea pendiente de la construcción nacional. En el texto tiende a desaparecer la lógica de los actores políticos y los juicios que su comportamiento pueden despertar. Hay un mayor desapego y distancia. Desaparecen las críticas a las clases privilegiadas. En pocas páginas se pasa revista a lo esencial del proceso peruano desde la Conquista. Y esta revisión tiene un fundamento geográfico. La sierra es la minería y la agricultura de subsistencia. La costa, por la feracidad de sus suelos, es la agricultura intensiva. Entonces en la época colonial la hegemonía está en la sierra, que es la región más importante económica y demográficamente; pero en el siglo XIX la situación cambia gracias al descubrimiento del guano, el desarrollo de la agricultura de exportación en la costa y la concentración del poder político en Lima. 163

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