En este caso el nosotros aparece como el destinatario de una pregunta fundamental pero también retórica, en tanto la respuesta es de sobra conocida. El nosotros al que se refiere aquí Riva Agüero es la colectividad que aún no ha logrado la síntesis viva que definiría la peruanidad. Este nosotros tiene dos amplitudes o definiciones que no son incompatibles. Puede, por un lado, referirse a todos los peruanos; no obstante, en tanto Riva Agüero da especial peso a las minorías, este nosotros tiene, por otro lado, también una significación más acotada: abarca solamente a las personas que concentran la responsabilidad de la creación cultural y la dirección política del Estado. Es decir, este nosotros abarca a las élites de la cultura y la política. 4. «Ante este agobiador resumen, que sintetiza nuestro absoluto fracaso en la centuria corrida desde la Independencia, recordamos con amargura punzante, los felices horóscopos que el cantor de Junín y Ayacucho ofrendó en la cuna del Perú nuevo». Este nosotros que recuerda puede tener diversas magnitudes. En un futuro, equivaldrá a la comunidad nacional que tendrá que evocar con tristeza las grandes ilusiones que despertó la República entre los muchos peruanos que combatieron por la causa emancipadora. Pero en la actualidad ese nosotros es más restringido, pues nombra solo a la gente lúcida que acepta y no desfigura la realidad. En síntesis, en la reflexión de Riva Agüero encontramos dos clases de nosotros. El definitivo es el nosotros futuro, una colectividad nacional con una personalidad plenamente definida por la profundización de un mestizaje nivelador. Este nosotros tiene una existencia ideal, es un proyecto, una esperanza. Pero es igualmente una posición desde la cual se puede enjuiciar la historia del país. Desde allí se puede decir, por ejemplo, que la Independencia fue prematura, que los grupos dirigentes estaban escasamente formados para la tarea que les esperaba y, finalmente, que el mundo indígena, por la propia «perfección del sistema incaico», fue reacio al mestizaje. Entonces desde un futuro lejano pero ya presentido por Riva Agüero, se puede elaborar un relato de la historia del país que, siendo alternativo a la historia oficial, es no solo más veraz sino que también funciona como una promesa que moviliza las esperanzas e impulsa las luchas por realizar ese futuro. El segundo nosotros se restringe a las personas que se reconocen como los protagonistas de la épica a que convoca Riva Agüero. Son, por así 158
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