La urgencia por decir nosotros

alma de tales negociantes enriquecidos ¡qué incomprensión de las seculares tradiciones peruanas, qué estúpido y suicida desdén por todo lo coterráneo, qué sórdido y fenicio egoísmo! ¡Para ellos nuestro país fue, más que nación, factoría productiva; e incapaces de apreciar la majestad de la idea de patria, se avergonzaban luego en Europa […] de su condición de peruanos a la que debieron cuanto eran y tenían! Con semejantes clases superiores, nos halló la guerra con Chile; y en la confusión de la derrota, acabó el festín de Baltasar. Después, el negro silencio, la convalescencia pálida, el anonidismo escéptico, las ínfimas rencillas, el marasmo, la triste procesión de las larvas grises… Ante este agobiador resumen, que sintetiza nuestro absoluto fracaso en la centuria corrida desde la Independencia, recordamos con amargura punzante, los felices horóscopos que el cantor de Junín y Ayacucho ofrendó en la cuna del Perú nuevo (Riva Agüero, 1995, pp. 146-147). Un primer balance de la interpretación de Riva Agüero tiene que detenerse en su inconsecuencia. ¿Por qué apoya la Emancipación a sabiendas de «nuestro absoluto fracaso» como República independiente? Anarquía, caos, despilfarro, derrotas, amputaciones territoriales: Riva Agüero no presenta ningún logro significativo. Entonces, otra vez, ¿por qué respaldar lo que se sabe que ha fracasado?26 Sea como fuere, la respuesta más obvia sería que el Perú y la República merecen para Riva Agüero una segunda oportunidad. Y las claves para que esta sea realmente aprovechada están en el propio texto, en las reflexiones sobre las causas del «fracaso absoluto» de la República y la sociedad peruanas. Una manera de adentrarnos en el análisis de esas claves es el examen de la enunciación en el discurso de Riva Agüero. En muchos momentos aparece un nosotros, implícito o explícito, como el sujeto de la enunciación. Los he identificado poniéndolos en cursivas en las citas. Pero conviene analizarlos con más detalle: 1. «No hay por qué desfigurar la historia: Ayacucho, en nuestra conciencia nacional, es un combate civil entre dos bandos, asistido cada uno por auxiliares forasteros». ¿De qué nosotros es esa conciencia nacional de la que habla Riva Agüero? Para empezar, es una conciencia lúcida que se resiste a las mistificaciones sin fundamento; es una conciencia que quiere aprender de la historia para proyectarse en el futuro. Ahora bien, ese nosotros cubre potencialmente a todos los miembros de la nación peruana que comparten la misma certeza: la Independencia fue resultado de una guerra civil donde la participación foránea fue decisiva. Este nosotros potencial está lejos de 156

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx